800 años de la Orden de la Merced

800 años de vida por la libertad

Con mucha alegría queremos compartir con todos ustedes este tiempo oportuno y de gracia que estamos viviendo como familia mercedaria: el jubileo de la Orden de la Merced en sus 800 años de vida. Ocho siglos desde los cuales seguimos descubriendo que “estar alegremente dispuestos a dar la vida por los hermanos y hermanas cautivos” sigue siendo el acto más grande de amor. Entrega amorosa y apasionada que Pedro Nolasco puso en marcha, en el siglo XIII, en el puerto de Barcelona, atento al clamor de los cautivos de su tiempo, dejándose inspirar por María y siguiendo los pasos de Jesucristo, nuestro Maestro Redentor.

Pedro Nolasco se compadeció del dolor de los cautivos, y ya en 1203 encontramos las primeras noticias de redención, fruto del entusiasmo y el compromiso de un grupo de amigos, por él congregados, los cuáles entendieron también que podían poner sus bienes al servicio de la libertad y la dignidad de las personas. Claro que el anti-reino se encarga de apagar las esperanzas y se empeña en demostrar a los corazones inquietos que nada se puede cambiar. Algo similar debe haber experimentado el grupo redentor acercándose los primeros días del mes de Agosto de 1218, en Barcelona. Los recursos para la liberación fueron tornándose cada vez más escasos en proporción al número de cautivos que, contraria y angustiosamente, iba en aumento. Pero un Dios que se conmueve por el clamor de sus hijos e hijas, siempre vence la desesperanza. Y por eso -así como envió a su hijo Jesucristo para visitar y liberar a la humanidad cautiva-, en la noche del 1 al 2 de Agosto de 1218, por medio de la Virgen María, inspiró a Pedro Nolasco la fundación de una familia religiosa que dedique la vida a la liberación: la “Orden de la Virgen María de la Merced de la Redención de los cautivos de Santa Eulalia de Barcelona”. Orden redentora que queda fundada, con el aval del rey Jaime I de Aragón y el obispo de la catedral de Barcelona, Berenguer de Palou, el 10 de Agosto del mismo año de aquella noche oscura. Y que recibe su aprobación pontificia por el papa Gregorio IX el 17 de enero de 1235, confirmando así la acción del Espíritu Santo en ella y su misión en la Iglesia para el pueblo de Dios, especialmente el pueblo cautivo. Desde el hospital de Santa Eulalia, como “hospital de campaña”, como “iglesia en salida”, el movimiento liberador empieza a contagiar a hombres y mujeres, consagrados y consagradas, laicos y laicas, que, ya desde entonces, en misión redentora compartida, impulsan esta obra de misericordia por medio de la cual va curando una de las heridas primordiales y escandalosas de nuestra historia: la falta de libertad.

El tiempo pasó y la familia redentora que viera la luz con el impulso de Pedro Nolasco fue creciendo y expandiéndose como las ramas de un olivo, como narra la tradición mercedaria. Tanto así que en el segundo viaje de Cristóbal Colón a América (1493) llegan los primeros mercedarios a nuestro continente. Y en 1514 se funda el primer convento mercedario en Santo Domingo. Las ramas del olivo continuaron creciendo fecundas y es así como hace 425 años se funda la Provincia Mercedaria Argentina, habiendo ya presencia de mercedarios en nuestro territorio entre los años 1536 y 1550. Estos mercedarios llegan a nuestro suelo, algunos, por el norte desde Cusco; otros desde el Océano Atlántico a Buenos Aires, subiendo luego hasta Paraguay; y un tercer frente procedente del oeste, desde Perú, que se radica en Mendoza. Ya en 1557 se establece la primera casa mercedaria en Argentina: el convento de Santiago del Estero (en 1550 había sido fundada esta “Madre de ciudades”).

El mundo sigue girando, el tiempo no se detiene, y la cautividad continúa clavada como una astilla en las entrañas de la humanidad. Pero 800 años de vida, siguen revelando que dar la vida por el hermano sigue siendo el acto más grande de amor. Por eso nuestros gritos y los de los cautivos siguen movilizándonos allí donde hay una situación social que: 1) es opresora y degradante de la persona humana; 2) nace de principios y sistemas opuestos al Evangelio; 3) pone en peligro la fe de los cristianos; y 4) ofrece la posibilidad de ayudar, visitar y redimir a las personas que se encuentran dentro de ella (como está escrito en las Constituciones Orden de la Merced, 16). Todos estos son los criterios que nos ayudan a señalar las nuevas formas de cautividad para “primerear” e “involucrarnos” desde la lucha por la libertad; para “acompañar” en el Dios que nos acompaña aprendiendo de esperas largas y del aguante apostólico; para “fructificar”, es decir, estar atentos a los frutos que el compromiso redentor con la fuerza del Espíritu Santo van dando a luz; y para “festejar” como Iglesia en salida, que se arriesga en el encuentro, en la fiesta de los redimidos, porque aunque podemos gozar ya de la libertad que nos regaló Cristo, todavía, pero con esta certeza que nos trasciende y desborda, estamos llamados a ponernos en contra de todo aquellos que atenta contra la vida, la dignidad y la fe de las personas (siguiendo el “p.i.a.f.f.” que propone el papa Francisco en Evangelii Gaudium, 24).

Actualmente tantos caminos recorridos y procesos desplegándose en los Centros Educativos Mercedarios (que son cinco: dos en Buenos aires: Instituto “San Pedro Nolasco”, en Caballito y Centro Educativo “Orden de la Merced” en Ranelagh; el Instituto “León XIII” en Córdoba; el Instituto “San Pedro Nolasco” en Santiago del Estero; y Colegio e Instituto “Padre Vásquez” en Maipú, Mendoza), se entroncan y entrelazan con toda esta historia, espiritualidad y misión, habitando la casa común, lugar donde ha sido y es posible la vida… para nosotros mercedarios y mercedarias, la vida en libertad y con dignidad (siguiendo a Francisco en la “Laudato Si”). El desafío continúa siendo escuchar las realidades de este tiempo, ante el avance de un modelo individualista, personal y excluyente, y seguir comprometiéndonos cada vez más, desde la educación en y para la libertad, con la promoción humana y cultural que permita un mundo sin excluidos ni cautivos (como decimos en el Proyecto Educativo Mercedario, 28).

Desde nuestra Provincia Mercedaria Argentina, atentos y discerniendo los signos de los tiempos y de los lugares, hacemos opciones prioritarias por los niños en riesgo social, las familias en crisis y los excluidos de la cultura del trabajo, y poco a poco vamos sumándonos a lucha contra la trata de personas como ya lo están haciendo otras familias religiosas. Desde el último Capítulo Provincial celebrado en Noviembre del año pasado tenemos también orientaciones para el camino que queremos transitar en y a partir de este jubileo. Nos hemos propuesto cuatro desafíos que deseamos asumir como familia mercedaria en Argentina: 1) donde la libertad está amenazada; 2) hermanos; 3) peregrinos; 4) testigos de Cristo Redentor. Ya hemos hablado más arriba acerca del desafío de ir y estar allí donde la libertad está amenazada, rescatamos de este mensaje la necesidad de una mirada lúcida sobre el mundo y nuestro país para desenmascarar y actuar contra los sistemas opresores y opuestos al Evangelio con una actitud profética de “un oído en el pueblo y otro en el Evangelio” (Mons. Angelelli). El desafío de ser hermanos, es asumir, como también lo hemos enunciado, el camino que en nuestra Provincia venimos haciendo en clave de “Misión Redentora Compartida” entre laicos, laicas, religiosos y religiosas. El deseo es que “nuestras fraternidades sean lugares donde podamos curar nuestras llagas con el bálsamo del encuentro, el perdón y la escucha, haciéndonos más humanos para ponernos al servicio de la humanidad herida de muerte, dónde Jesús continúa su camino de pasión”. Como peregrinos se nos invita a poner nuestras energías en la generación de encuentros, y no en sostener o crear grandes estructuras. “Para ello es necesario despojarnos de la obra centrada en mi persona, del plan que formulamos, del

cargo o lugar que ocupo, de la estructura que rigidiza, de priorizar el trabajo sobre la persona. Se trata de una actitud de armar la carpa, allí donde hace falta detenerse ante los heridos que se encuentran en los márgenes”. Y por último, pero dejando ver en la insistencia lo fundamental de nuestra espiritualidad y vida, como testigos de Cristo Redentor, el desafío es identificarnos cada vez más con Él “en su corazón misericordioso y con los cautivos al descubrir en nosotros las mismas llagas”.

Quisimos compartirles, más allá de estas palabras, la pasión que la Trinidad Redentora sigue encendiendo en nuestros corazones. Esta llama quiere ser fuego que enciende otros fuegos, y que se suma a la lucha de tantos y tantas por iluminar, con la luz del Reino, las noches oscuras que todavía se ciernen sobre la humanidad. Que este tiempo jubilar que como Familia Mercedaria estamos celebrando, sea signo de la presencia cercana de un Dios que renueva nuestras esperanzas y el compromiso con la libertad amenzada.

Fr. Matías Javier Bellanich

Consejero del área Pastoral Mercedaria

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