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El buen pastor que da la vida por sus ovejas

El buen pastor que da la vida por sus ovejas

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según Juan 10, 1-10

 Jesús dijo a los fariseos:

«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz.»

Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.

Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.»

Palabra del Señor.

 

Queridas hermanos y queridos hermanos:

Este cuarto domingo de Pascua es conocido como el domingo del Buen Pastor. Los que no hemos tenido contacto con la cría y el cuidado de las ovejas, nos cuesta, quizá, darnos cuenta lo que significa un pastor. Sobre todo en la época y en la tierra de Jesús. Esta parábola se mueve sobre una escena muy familiar de la vida en Palestina. Los pastores, al atardecer, reunían sus ovejas en un recinto, junto a otros rebaños, para pasar la noche. A la mañana siguiente, cada pastor gritaba con su seña y las ovejas que le pertenecían lo seguían.

La figura del pastor y las ovejas, recorre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Recordemos sólo el salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me puede faltar, y Ezequiel capítulo 34: Ahí de los pastores de Israel que se apacientan a sí  mismo…yo mismo cuidaré de mi rebaño. El pueblo de Israel aplicaba el nombre de pastor a su rey, porque esperaban que cuidara al pueblo con la misma dedicación que los pastores a sus ovejas, que los protegiera de los enemigos y le garantizase el alimento necesario. Israel hace la experiencia que ningún gobernante es totalmente un pastor; la mayoría de ellos se cuida a sí mismo y no atiende a las personas confiadas a él, en muchos casos hostigan a su pueblo y llevan una vida marcada por la corrupción. El pueblo invoca muchas veces a Dios para que le envíe un buen pastor. Al fin, llega a la conclusión que sólo Dios es el auténtico pastor y que sólo en Él tiene que poner su confianza: El Señor es mi pastor.

Dios les promete, a través de los profetas, la llegada de ese pastor. Al declararse el buen pastor, Jesús manifiesta su identidad mesiánica; llegó el pastor esperado. Él es el pastor prometido por Dios para los tiempos mesiánicos, un pastor elegido por Él (ver Ezequiel 34).

Jesús es la puerta del pastor y es la puerta de las ovejas. Es la puerta necesaria para que un hombre pueda ser un verdadero pastor; el pastor tiene que hablar como habló Jesús y hablar de lo que habló Jesús. Jesús es el único pastor totalmente fiel a la voluntad del Padre. Todo otro pastor participa del único pastoreo de Jesucristo, ejerce una misión mediadora entre Jesús y nosotros. Esta mediación se da a través de personas limitadas y pecadoras que llevan un tesoro en vaso de barro. Nunca las mediaciones son absolutas y no tenemos que absolutizarlas o idealizarlas; sí ver a través de ella el actuar de Jesucristo.

Jesús es también la puerta de las ovejas, la puerta para entrar en el Reino de Dios y alcanzar la salvación. Es la puerta que nos conduce al lugar seguro. Jesús es el único que conoce al Padre y nos puede hablar de Él. Es el único Salvador. Es el que nos ama con amor eterno, total y gratuito. Es la nueva y eterna Alianza. Nadie nos puede quitar la vida eterna que Jesús nos da.

Esta parábola nos revela el verdadero rostro de Jesús. Es un pastor que conoce a las ovejas, da la vida y no se limita a un solo corral, va a buscar a otras ovejas para que haya un solo rebaño. Él nos conoce personalmente, nos ama y nos cuida con un amor personal. Él provee nuestro alimento y le da un sentido trascendente y eterno a nuestras vidas. Él dio y da la vida por nosotros. Qué bien nos hace contemplar en oración esta verdadera imagen de Jesús.

Si bien la misión de pastor es ejercida por personas concretas, elegidas por Dios y enviadas por la Iglesia para cumplir esta misión, toda la Iglesia está llamada a ejercer una misión pastoral. Todos somos llamados a anunciar a Jesús y a cuidar la vida de nuestros hermanos. Esta misión se hace hoy más urgente que nunca.

Dios sigue llamando a muchos jóvenes a la vida sacerdotal. Es misión de todo adulto, especialmente de los padres, ayudar a los jóvenes a descubrir el llamado de Dios. Su felicidad va a depender de su respuesta generosa a Dios. Ayudarlos a ser profundamente felices implica ayudarlos a discernir el llamado de Dios para sus vidas.  Recemos, en este día, para que no falten en la Iglesia pastores con el corazón de Jesús. Pidámosle al Señor que los  generosidad a esta llamada. Que el Señor nos haga crecer como Iglesia en el compromiso con la vida. Que Jesucristo sea siempre la puerta, el camino, que nos conduce al Padre.

Nos preguntamos:

¿Dejo que el Señor configure mi vida a su vida? ¿Cómo es mi relación cotidiana con Jesús, el buen pastor? ¿Me dejo cuidar y alimentar por Él? ¿Cuido la vida de mis hermanos? ¿Ayudó a los jóvenes a discernir el llamado de Dios al matrimonio, a la vida consagrada o al sacerdocio?

 

Un bendecido tiempo pascual  para todos,        

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

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