Lunes, 20 Noviembre 2017 | Login

LA ASCENCIÓN DEL SEÑOR

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según Mateo              28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

 Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Los discípulos regresan a Galilea, tal como el ángel les había indicado a las mujeres cuando fueron, muy de madrugada,  al sepulcro y no encontraron ahí el cuerpo del Señor. Vayan a Galilea y allí lo verán, les dijo.

En Galilea donde todo había comenzado: los primeros encuentros con los discípulos, los primeros llamados, el primer anuncio ¡Cuántos recuerdos los discípulos tendrán en su mente y en su corazón! ¡Cuántos acontecimientos vividos con Jesús! Ahora, nuevamente se encuentran en ese lugar de inicio. Con la Resurrección del Señor, todo comienza de nuevo; se inicia un nuevo tiempo.

 

Los discípulos se postran ante Él. Algunos dudan. Esos discípulos son la  Iglesia en la que conviven diferentes experiencias de fe; algunos tienen una fe más firme, más madura; otros, tienen que hacer un camino de crecimiento en la relación con el Señor.

Jesús pronuncia una frase que nadie en la historia se animaría a pronunciar: he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. ¿Qué ser humano puede hacer esta afirmación? Jesús resucitado es el Señor de la historia y, en este nuevo tiempo, su triunfo es irreversible. El príncipe de este mundo, el espíritu del mal, ya ha sido condenado. Se inicia un tiempo de la historia en donde caminamos indefectiblemente a  la plenitud del Reino del amor y  al encuentro definitivo con el Padre y entre nosotros.

La Ascensión del Señor nos señala ese camino sin retorno. Camino que, por un lado, nosotros recorremos detrás de Él; a dónde llegó Jesús llegaremos nosotros, a la casa del Padre, al hogar definitivo, al lugar de la plenitud de la paz y de la alegría. Por otro lado,  nosotros ya estamos, en Jesús, con el Padre. Somos su cuerpo y el cuerpo está donde está la cabeza. Por eso, la Ascensión es un ya estar y un todavía no. Estamos a través de los vínculos sacramentales, a través de mediaciones. Un día estaremos en plenitud y contemplaremos definitivamente el rostro de Aquel que nos ama con amor eterno. La fiesta de la Ascensión es la celebración de nuestra Esperanza.

A esa Iglesia naciente, el Señor le encomienda una misión: hacer que todos los pueblos, todos los hombres, sean sus discípulos. El envío es universal: todos somos enviados a todos los pueblos para hacer que los hombres sean discípulos del Señor. Y esto se realiza a través del bautismo y la enseñanza. Bautizar significa sumergir. Es nuestro vivir en Cristo lo que nos hace sus discípulos. Comunión con Cristo que se realiza en la Fe. Una fe que nace a través de la predicación, de la enseñanza del Evangelio.

Hoy, en este domingo  de la Ascensión, todos somos enviados a realizar esta  misión; somos partícipes de la misión de Cristo. Dice San Agustín que así como el Hijo no dejó al Padre cuando vino al mundo, así el Hijo no deja a los hombres cuando vuelve al Padre. Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo, dice el Señor.  Él continúa vivo en medio de nosotros. Y sólo desde la comunión con Él podemos realizar su misión. Somos el cuerpo de Cristo que actuamos en su nombre y lo hacemos presente en este mundo y en este momento de la historia porque Él nos hace partícipes del poder que ha recibido. Todos recibimos del Señor el poder misionar; cuando el Señor nos envía nos da las gracias necesarias para realizar ese envío. Todos somos constituidos por Él en sus discípulos misioneros.  Por eso, se celebra hoy la Jornada de las comunicaciones sociales. Todo discípulo es enviado por el Señor a comunicar el Evangelio de Jesucristo. Recemos especialmente por los que ejercen esta comunicación en los medios y en las redes sociales para que siempre puedan transmitir la bondad y la belleza que Dios hizo presente en su obra creadora y redentora. Vivamos la alegría de ser comunicados del mensaje de Esperanza que renueva el mundo.

Nos preguntamos:

¿Asumo la misión que el Señor me encomienda: comunicar la Buena Noticia de la Esperanza y hacer lo posible para que todos los hombres, que Dios pone en mi camino, descubran el llamado  del Señor a seguirlo? 

Un bendecido tiempo pascual  para todos,        

  Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

   Centro de Espiritualidad Palotina

 

000

About Author