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COMENTARIO AL EVANGELIO - XXV domingo durante el año - 24 de septiembre de 2017

COMENTARIO AL EVANGELIO - XXV domingo durante el año - 24 de septiembre de 2017

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 19, 30--20, 16 

Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña.

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: "Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo". Y ellos fueron.

Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?" Ellos les respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña".

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros".

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada".

El propietario respondió a uno de ellos: "Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?"

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».

Palabra del Señor. 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Decíamos, el domingo pasado, que la Palabra de Dios provoca una dulce violencia en nosotros. La violencia que implica cambiar nuestra manera de pensar y de ver. Dios tiene una lógica, muchas veces, diferente a la nuestra. Los pensamientos de ustedes no son los míos, dice el Señor en la primera lectura de la misa de este domingo (Is 55, 6-9). Esta violencia nos trae la dulzura de una vida nueva, renovada en el amor verdadero. Fuimos creados para amar como Dios ama y, por eso, cuando Dios convierte nuestro mirar y sentir, haciéndolo más semejante al suyo, nos regala el gozo de poder realizar el sentido más profundo de nuestra vida. Esta parábola nos motiva, por un lado, a contemplar el amor de Dios, manifestado en Jesús. Por otro lado, a conformar nuestra vida a su forma de amar.

El actuar de Dios no se reduce a la práctica de la justicia distributiva. Él obra movido por el amor gratuito y misericordioso. No nos da conforme a nuestros méritos sino a su gran bondad. El amor de Dios no está sujeto a nuestros merecimientos; es libre. Él nos da mucho más de lo que nos merecemos. La “recompensa”, como acción salvífica de Dios, es un acto libre de su amor. Ninguno de nosotros compra el amor de Dios, su bondad es gratuita y total. Por eso llamamos “gracia” (gratis) a su actuar en nuestras vidas. El propietario, en la parábola, no falta a la justicia: paga conforme a lo convenido. A la vez, extiende sus beneficios a favor de todos, independientemente del tiempo trabajado. Al destacar la gratuidad del llamado y la igualdad de la recompensa, Jesús muestra que el amor

misericordioso de Dios trasciende el concepto humano de justicia. Muchas veces, nuestro orgullo puede cerrarnos a todo aquello que Dios nos quiere dar y de lo cual no tenemos méritos. Dejarnos amar por Él nos ayuda a madurar en un amor fraterno de perdón y misericordia.

Es interesante observar que el mismo propietario sale a buscar a los trabajadores. Lo común era que lo hicieran los administradores o capataces. Dios mismo sale a nuestro encuentro en diferentes momentos y de forma insistente para invitarnos a trabajar en su viña. Dios quiere establecer con nosotros una relación personal.

Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. Esta frase, da inicio al texto (último versículo del capítulo 19) y lo concluye (versículo 16 del capítulo 20). Para los fariseos, el cumplimiento de la ley era la medida de la perfección y quienes cumplían la ley ocupaban los primeros lugares. Los extranjeros, publicanos y pecadores se ubicaban en el último lugar. Incluso, existía una parábola, comentada en aquel tiempo, en donde los primeros eran especialmente retribuidos. Con esta parábola, el evangelista les recuerda a los discípulos de Jesús, provenientes del mundo judío, que el pueblo de Israel, a pesar de haber sido llamado en primer término, no debe sentirse celoso de la generosidad de Dios hacia los paganos. El amor de Dios es universal y, por eso, no tiene preferencias por motivo de nacionalidades, culturas, o perfecciones humanas. Dios no ama sólo a los buenos, ama a todos. La única preferencia de Dios, manifestada en la vida de Jesús, es por aquellos que más sufren. Es la preferencia propia de una madre o de un padre, ante el dolor de su hijo. La misericordia de Dios no excluye a nadie.

La lógica de Dios es la del amor gratuito y universal. Nuestra lógica está marcada, muchas veces, por una mentalidad mercantilista. La escala de valores del Reino de Dios es diferente a la del mundo. La justicia es un valor que debemos buscar y promover. Ella alcanza su cumplimiento cuando está animada por el amor. Y el amor, según Dios, es siempre donación gratuita y universal. El amor da sin exigir nada a cambio, el amor es entrega a todos, sin dejar a nadie afuera. Estamos llamados a amar sin dejarnos condicionar por el mérito o la respuesta de los otros. Condicionar nuestro amor a la acción de los demás es perder la libertad. Es libre el que ama sin esperar recompensa por aquello que entregó.

Desde una perspectiva mercantilista, muchas veces, no toleramos que Dios sea bueno con todos ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno? Algunas veces nos cuesta aceptar que Él se muestre bondadoso con aquel que no lo merece. El Señor nos invita a alegrarnos del bien que nuestros hermanos reciben aunque no lo merezcan. Es propio del amor alegrarse por el bien del otro.

Es la gracia de Dios la que nos permite superar las relaciones basadas sólo en una justicia distributiva y poder dar más de lo que la justicia nos exige. Jesús nos invita a superar nuestra relación mercantilista. La Palabra de Dios nos comunica, cada día, el sentir y el mirar de Dios. Y esto… ¡nos hace mucho bien!

Nos preguntamos: ¿Fundo mi fe en el amor gratuito de Dios o vivo con Él una relación mercantilista? ¿Dejo que mi justicia esté animada por un amor universal y gratuito? ¿Me alegro del bien de los demás?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

SALMO RESPONSORIAL Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18 (R.: 18a)

R. El Señor está cerca de aquellos que lo invocan. Día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. ¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza: su grandeza es insondable! R. El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R. El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad. R.

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  • COMENTARIO AL EVANGELIO - XXXIII domingo durante el año - 19 de noviembre

    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 14-30

    "Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

    El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

    De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. "Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado".

    "Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor". Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: "Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado". "Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor". Llegó luego el que había recibido un solo talento. "Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

    Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!". Pero el señor le respondió: "Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

    Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes".

    Palabra del Señor.

     Jesús continúa enseñando que debemos estar vigilantes ante la llegada del Reino, el domingo pasado nos mostró el aspecto festivo de esa llegada, ahora nos hace saber que existe una responsabilidad de trabajar para que a su llegada entreguemos frutos obtenidos de la utilización de los dones que nos ha dado.

     A través de esta parábola, donde un hombre rico decide dar en custodia sus bienes mientras se va de viaje, definido por sus mismos servidores como un severo y ambicioso, que pretende ganancias aún dónde no ha sembrado.

    El relato dice que al repartir no dio la misma cantidad de dinero a todos, sino que a unos más y a otros menos, tampoco les dio la orden de hacerlo producir. Pero parece que los servidores conociéndolo buscaron la manera de multiplicar el dinero recibido en custodia, menos uno que, por temor, no quiso arriesgarse y escondió lo recibido para devolverlo intacto.

    Para tener una idea del dinero entregado, un talento es el equivalente a seis mil monedas de plata, una moneda de plata es un denario, el valor de una jornada de trabajo. Es decir que al que le dio cinco talentos le dio treinta mil monedas de plata.

    Cuando el hombre regresa, sucede que reclama su dinero y las ganancias, tal como los dos primeros servidores supusieron que obraría, así éstos le entregaron el dinero y las ganancias obtenidas, recibiendo una felicitación y el pase a participar del gozo de su señor, el banquete con el cual el patrón celebra su regreso, más la promesa de que se le encargará mucho más. Pero justamente el que recibió menos, el que dice saber conocerlo y lo define justamente como un hombre exigente y avaro confiesa su temor y devuelve el talento recibido intacto, tal como lo recibió, ni más ni menos.

    Desde nuestra perspectiva cabría también una felicitación ya que haber conservado lo que recibió puede ser visto como un mérito en sí mismo. Pero en la parábola, este servidor es juzgado precisamente por sus mismas palabras, “si sabías… tendrías que haber colocado el dinero en el banco, … así lo hubiera recuperado con intereses”. Y, además de ser reprendido es castigado.

    De esta manera Jesús se dirige a los que buscan custodiar los dones recibidos de parte de Dios, y se sienten orgullosos por mantenerlos intactos. Pero por la parábola entendemos que los dones que se nos han confiado, los recibimos para hacerlos producir, si los guardamos celosamente no estamos obrando bien, cuando el Señor venga nos pedirá cuenta sobre lo que hemos hecho con los dones recibidos.

    Todos hemos recibido talentos, en mayor o menor medida, cada uno con la ayuda del Espíritu Santo debe buscar la manera de hacerlos producir. No debemos esconder esos dones detrás del velo de una falsa humildad diciendo que no somos capaces de hacer esto o aquello, es verdad no todos tenemos las mismas capacidades, pero alguna capacidad tenemos y está para ponerla al servicio de los demás. Es importante saber reconocer los talentos que Dios nos dio, para así “invertirlos” y hacerlos crecer.

    Si bien la parábola se proclama a todos los que formamos parte del Pueblo de Dios, no deja de ser un llamado de atención a los pastores de la Iglesia, a quienes se nos ha confiado el tesoro de los sacramentos, para ser dispensadores de los mismos. A veces, como el que recibió un talento, nos escudamos en las normas haciendo una interpretación estricta y al mismo tiempo errada, incluso agregando más de lo que la norma dice, para no arriesgar temiendo perder lo que se nos ha confiado.

    Pero hoy Jesús nos dice que a todos se nos pedirá cuenta del modo como hemos utilizado los bienes que nos ha dado, y nos pedirá los frutos, advirtiéndonos que si le devolvemos exactamente lo mismo que nos ha dado se nos quitará lo que se nos confió y seremos privados de participar del gozo del Señor.

    Esta parábola es una invitación a preguntarnos:

    ¿Qué talentos me ha dado Dios?

    ¿Qué estoy haciendo con esos talentos?

     Un bendecido domingo para todos,      

    1. Rubén J. Fuhr SAC

       Centro de Espiritualidad Palotina

     SALMO RESPONSORIAL Sal 127, 1-5 

    R. ¡Feliz quien ama al Señor!
     

    ¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!

    Comerás del fruto de tu trabajo,

    serás feliz y todo te irá bien. R.

    Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar;

    tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. R.

    ¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!

    ¡Que el Señor te bendiga desde Sión

    todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén! R.

  • COMENTARIO AL EVANGELIO - XXXII domingo durante el año - 12 de noviembre de 2017

    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 1-13

    "Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

    El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, 4 mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?”. Pero estas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”, pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

     Palabra del Señor.

     Estamos muy cerca del fin del ciclo litúrgico, la liturgia en este domingo y en el próximo insistirá en la actitud de vigilancia ante la llegada del Reino, para en el último domingo del ciclo, solemnidad de Cristo Rey, presentarnos el cuadro del juicio final, dónde cada uno será juzgado según sus obras. De este modo en estos tres domingos se proclamará en su totalidad el capítulo 25 del evangelio según san Mateo.

    Sin perder de vista el final, contemplemos este pasaje del Evangelio.

    Así como la figura de la novia fue utilizada en el Antiguo Testamento para representar a Israel, en el Nuevo Testamento se utiliza para representar a la Iglesia (nuevo Pueblo de Dios), y el banquete de bodas hace alusión a la felicidad plena y definitiva del Reino de Dios.

    De acuerdo a las costumbres de la época y cultura de Jesús, en la noche de la fiesta de bodas, el esposo se dirige a la casa de la novia para llevarla al nuevo hogar. Para ello el novio viene acompañado por sus amigos, y la novia sale con el cortejo de sus amigas, y se forma así una procesión festiva en la que por la oscuridad de la noche es necesario ir iluminados con lámparas.

    En la parábola, Jesús dice que eran diez jóvenes, cinco prudentes y cinco necias, prudencia y necedad son dos cualidades a las que se hace referencia con mucha frecuencia en la literatura sapiencial. Quien vive y obra de acuerdo con la instrucción dada por la Sabiduría divina es el sabio y prudente, mientras que quien no lo hace es el impío, el necio, así como el sabio y prudente llegará a la felicidad y adquirirá inmortalidad, el necio nunca logrará estos beneficios y su fin es la destrucción.

    El esposo ha llegado a media noche, las jóvenes están dormidas. A la alerta dada, las cinco prudentes preparan sus lámparas, con el aceite que llevaron precavidamente como para que las lámparas no se apaguen. Las cinco necias, no fueron tan precavidas y sólo tenían sus lámparas preparadas para las primeras horas, no consideraron que el esposo podía llegar a altas horas de la noche, así es que cuando dan el aviso sus lámparas ya se están apagando. Mientras están ocupadas en encontrar un lugar dónde comprar el aceite, el esposo ha llegado y han cumplido con esta parte de la fiesta de bodas, las jóvenes que estaban preparadas ingresaron a la sala nupcial, la puerta ya se ha cerrado y no se volverá a abrir, es inútil insistir.

    Para el evangelista Mateo, la figura del esposo está ligada a la enseñanza de la venida del Señor para instaurar definitivamente el Reino de los cielos, también nos enseña que para esa venida hay que estar preparados, del mismo modo nos dice también que esa venida ya comenzó con la resurrección de Jesús. A partir de ese momento, el Señor está viniendo todos los días y el Reino se va haciendo presente.

    Para entender de que se trata esa vigilancia, debemos mirar atentamente las parábolas a las que se hace referencia sobre esta actitud, y veremos que no es otra cosa que cumplir bien con el oficio o ministerio que hemos recibido, dar frutos de acuerdo a los talentos dados, servir al prójimo ante la necesidad. No es más ni menos que vivir cada día de la mejor manera posible nuestra vocación cristiana, teniendo presente que el Señor viene constantemente a nosotros.

    Así como las jóvenes se han dormido, también nosotros podemos estar, “dormidos”, distraídos en otras cosas, pero sin dejar de estar preparados. Es decir, que ante las situaciones que se nos pueden presentar a lo largo del día, sabremos dar la mejor respuesta posible, esas situaciones que se dan muchas veces sin que las busquemos las describe Jesús cuando habla del juicio (último domingo del ciclo A).

    Por supuesto que las parábolas no debemos leerlas buscando una respuesta a todo en cada una de ellas, sino que debemos encontrar el sentido por el cual fue dicha, en ellas se exageran ciertos aspectos para evidenciar lo que se quiere transmitir. Cuando las jóvenes necias piden a las prudentes que les compartan el aceite, la respuesta de éstas parece de una total falta de caridad, al leer esperaríamos una mayor comprensión, a media noche es difícil que encuentren un lugar dónde comprar.

    Lo que se quiere significar es que una vez que llega el Esposo, el tiempo de los preparativos ha terminado, ya es demasiado tarde para buscar lo que no se adquirió antes, y las disposiciones que unos tienen no se pueden transmitir ni prestar en esa hora.

    La entrada a la fiesta de bodas indica la llegada de la felicidad eterna, es la plenitud de la alianza.

    Esta realidad será un día, no sabemos cuándo pero ya ha comenzado con la resurrección de Jesús, y nosotros comenzamos a gozarlo a partir del bautismo, y cada día se va acrecentando. En la celebración eucarística, la Iglesia, Esposa, proclama el triunfo del Esposo, Cristo, y le pide que venga.

    De esta manera, el Señor nos invita a estar preparados para esa venida definitiva, estando vigilantes, atentos a sus pequeñas venidas en el día a día. Cuando los cristianos realizamos obras de caridad, no lo hacemos por simple filantropía, sino porque en el otro está Cristo presente, a veces tan desfigurado que ni aspecto humano tiene.

    La prudencia de la que habla Jesús en la parábola, no es la simple prudencia humana, sino la que se adquiere cuando nos dejamos instruir por la Sabiduría de Dios, que se ha manifestado a los hombres a través de la Palabra, la que se manifiesta desde el primer versículo del Génesis hasta el último versículo del Apocalipsis. Cuando configuramos nuestra vida a través de la escucha y meditación de la Palabra de Dios, y la ponemos en práctica, nos vamos haciendo sabios y prudentes, y nos vamos “capacitando” para entrar al banquete del Reino, esta es la condición que tienen las jóvenes que entraron a la fiesta de bodas. Desde el momento que nacemos, estamos invitados al banquete eterno, nos toca a cada uno capacitarnos para entrar cuando llegue la hora, ya que no basta con estar invitados.

     Un bendecido domingo para todos,      

    1. Rubén J. Fuhr SAC

       Centro de Espiritualidad Palotina

     SALMO RESPONSORIAL Sal 62,2.3-4.5-6.7-8 
     

    R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
     
    Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, 
    mi alma está sedienta de ti; 
    mi carne tiene ansía de ti, 
    como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

    ¡Cómo te contemplaba en el santuario 
    viendo tu fuerza y tu gloria! 
    Tu gracia vale más que la vida, 
    te alabarán mis labios. R/.

    Toda mi vida te bendeciré 
    y alzaré las manos invocándote. 
    Me saciaré como de enjundia y de manteca, 
    y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

    En el lecho me acuerdo de ti 
    y velando medito en ti, 
    porque fuiste mi auxilio, 
    y a la sombra de tus alas 
    canto con júbilo. R/

     

  • Comentario al Evangelio - domingo 29 de octubre de 2017

    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 34-40

         Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?»

        Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».

      Palabra del Señor.

     Queridas hermanas y queridos hermanos:

     Este diálogo de Jesús con el doctor de la ley, está dentro del conjunto de discusiones que mantiene, en el templo, con diversos grupos del judaísmo y que vinimos escuchando en estos últimos domingos. La intención sigue siendo ponerlo a prueba. Este episodio hace referencia a un encuentro previo de Jesús con los saduceos que no es proclamado en los domingos de este ciclo y que se refiere al tema de la resurrección; en la cual, los saduceos, no creían.

    La pregunta que le hacen a Jesús responde a una necesidad que los maestros  tenían de poder sintetizar, de una manera realizable, el cumplimiento de la ley, ya que esta contenía 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 obligaciones a ser realizadas). Conocer y practicar todos ellos era prácticamente imposible. Los especialistas de la ley se preguntaban cómo poder encontrar una síntesis que le permitiera ser fieles a Dios.

    Jesús responde combinando dos mandamientos: el del amor a Dios (Dt 6,4-5) y el del amor al prójimo (Lv 19,18). Los presenta como la síntesis de la ley y los profetas; es decir, de toda la Escritura. Podemos decir que toda la Palabra revelada se resume en ellos; todo otro mandamiento es una explicitación del único mandamiento del amor.

    San Pablo enseña “Que la única deuda con los demás sea del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió la ley. .. el amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la ley”. (Rom 13,8-10). San Pablo dice, también que el amor es un camino: “Caminen en el amor (Ef. 5, 2). Ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía” (1Cor 12, 13) y a continuación escribe el himno a la caridad (1 Cor 13), en donde expresa que puedo entregar mi cuerpo a las llamas pero si no tengo amor de nada me sirve. Es el amor lo que da sentido profundo a todo lo que hacemos. No es un mandamiento que nos viene de fuera, está inscripto en nuestra naturaleza humana. Fuimos creados a imagen de Dios y Dios es amor. Sólo en el amor nuestra vida encuentra su sentido, su plena realización.

    Podemos preguntarnos qué es amar. Hoy, esta palabra, se usa de tal manera que expresa realidades hasta opuestas entre sí.

    El Papa Benedicto XVI nos ilumina enormemente, en este tema, en su primera Encíclica Deus Caritas est, promulgada el 25 de diciembre de 2005. Ahí nos señala dos dimensiones del amor:

    • El amor de eros o amor de complacencia. Por él gozamos la presencia del otro como un bien en nuestra vida. No amamos su utilidad sino el bien de su persona. Es el amor propio de los esposos, el amor que da inicio al camino de la amistad, el amor que nos mueve encontrarnos espontáneamente con alguien y disfrutar su presencia. Dios nos ama con un amor de complacencia y nosotros, también, somos invitados a gozar de su presencia en nuestras vidas.
    • Una segunda dimensión, es el amor de ágape o de donación. Nuestra realización más profunda está en comprometer nuestra vida con el bien de los demás. Fuimos creados a imagen de Jesucristo quien vivió su vida en compromiso continuo con el bien de los otros. Cuando amamos con su mismo amor, nos realizamos profundamente como personas. Nuestro verdadero bien es el compromiso con el bien de cada persona que Dios pone en nuestro camino. Es la dimensión del perdón, del devolver bien por mal, de buscar para el otro el mismo bien que quiero para mí. Esta dimensión nos da la libertad de un amor no condicionado por la respuesta del otro o por la compensación recibida. Purifica el amor de todo egoísmo y nos lleva a una experiencia fuerte de identificación con Jesús.

     En su enunciado, Jesús enfrenta a sus adversarios no con dos textos legales, sino con la persona de Dios y con la del prójimo. Lo original del mensaje de Jesús es la vinculación indisoluble entre ambos. El amor a Dios es la raíz que alimenta el árbol del amor al prójimo, le da fundamento y lo hace posible. Sólo desde un vínculo profundo de amor con el Señor podemos vivir el verdadero amor al prójimo. Un amor a Dios que implica la entrega de todo nuestro ser a Él, poner toda nuestra vida a su servicio. Dios es raíz, fuente y origen del amor; bebiendo de esa fuente podemos amar a los demás con su mismo amor.

    El amor a Dios se expresa en el amor al prójimo en quien Dios vive. El amor al prójimo como a sí mismo, comenta San Agustín, en la práctica, es el primero, porque amando a quien vemos purificamos nuestros ojos para que podamos amar a quien no  vemos.

    El Cardenal Pironio decía: No hay más que un modo de servir plenamente a los hombres, servir a Jesucristo. No hay más que un modo de servir plenamente a Jesucristo, servir a los hombres. Sólo por amor a Dios amamos verdaderamente al hermano con un amor de libertad y gratuidad. Quien no funda su vida en un vínculo de amor con Dios, empieza a demandar a los demás que sean como Dios, comienzan a exigir una plenitud de amor que sólo Dios nos puede dar. En Cristo, Dios  y el hombre se han unido para siempre; no se puede amar a Dios sin amar al hombre.

     Nosotros también podemos sentirnos abatidos y confundidos, como el pueblo de judío, ante el peso de muchos compromisos y tareas; muchas veces podemos experimentarnos dispersos en muchas cosas. El hacerlo todo por amor a Dios y a los hermanos, le da sentido y  unidad a nuestra vida.

     Nos preguntamos: ¿El amor a Dios y a los hermanos, unifica y da sentido, en lo cotidiano, a nuestra vida, tareas, compromisos y vínculos? ¿Cómo expresamos, en lo concreto,  nuestro amor a Dios y al prójimo?

     Un bendecido domingo para todos,      

    1. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

       Centro de Espiritualidad Palotina

     SALMO RESPONSORIAL Sal 17, 2-4. 47. 51ab (R.: 2) 

    1. Yo te amo, Señor, mi fortaleza.

    Yo te amo, Señor, mi fuerza,
    Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.
     
    Mi Dios, el peñasco en que me refugio,
    mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
    Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
    y quedé a salvo de mis enemigos. R.
     
    ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!
    ¡Glorificado sea el Dios de mi salvación.
    Él concede grandes victorias a su rey
    y trata con fidelidad a su Ungido. R.