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25 aniversario de la Fundación Misión Marianista

25 aniversario de la Fundación Misión Marianista

Con mucha alegría nos comunicamos con ustedes para contarles que como cierre de los festejos del 25º Aniversario de la Fundación Misión Marianista nos encontraremos para celebrar en una Fiesta el 4 de noviembre a las 20.30 horas,

La Fiesta la compartiremos junto con los que fueron y son parte de la Fundación Misión Marianista, los que día a día fortalecen con su voluntariado y solidaridad el Brazo Solidario de la Familia Marianista.

Queremos seguir Tendiendo Puentes de Solidaridad con los más necesitados y vulnerables y esperamos para ello continuar contando con ustedes.

El valor de la entrada es de $750 y se deberá realizar la reserva escribiendo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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  • Trayecto de Formación en Gestión de la Misión Educativa Pastoral: Enhebrando la multiplicidad de tramas institucionales".

    Los/as invitamos a participar del trayecto de formación
    en Gestión de la Misión Educativa Pastoral “Enhebrando la multiplicidad de tramas institucionales”-2da Cohorte- con Resolución Ministerial No0596/17, propuesta que surge desde los Institutos de Formación Docente pertenecientes a FAERA (Federación de Asociaciones Educativas Religiosas de la Argentina) y JAEC (Junta Arquidiocesana de Educación Católica). El mismo tiene como propósito brindar un encuentro que legitime una formación situada y que posibilite la reflexión y profundización de los núcleos temáticos propuestos por el documento del CELAM: “Vayan y enseñen”.


    Ejes temáticos: Clima Institucional y Cuidado de las personas en las Instituciones Educativas.
    Destinatarios: miembros de los Equipos directivos, agentes/coordinadores de Pastoral, docentes de todos los niveles y modalidades de las Instituciones educativas pertenecientes tanto a FAERA como a JAEC.
    Modalidad de cursado: nueve talleres presenciales de cursado mensual, distribuidos en dos semestres durante 2018 (1 vez al mes de 8:00 a 13:00 hs.)
    Comienzo de la actividad: miércoles 25 de abril de 8:30 a 12:30 hs
    Carga horaria: 50 hs reloj-75 HC –
    Lugar: Colegio Maristas- Oroño 770-Rosario
    Inscripción: Secretaría del Instituto No4005 “Santísimo Rosario”
    Email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o al Teléfono: 0341-4636761
    Costo: $300 por encuentro o pago único de $2.250 de todo el trayecto.
    Saludamos afectuosamente a cada uno/a de Uds y a sus comunidades, que animadas por el Espíritu Santo viven la misión como Escuela Católica.

    Equipo Directivos de Institutos de Formación Docente

    JAEC - FAERA

     
  • Comentario al Evangelio - Domingo de Ramos - 25 de marzo de 2018

    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 11, 1-10

    Cuando se aproximaban a Jerusalén, estando ya al pie del monte de los Olivos, cerca de Betfagé y de Betania, Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; y si alguien les pregunta: "¿Qué están haciendo?", respondan: "El Señor lo necesita y lo va a devolver en seguida."»

    Ellos fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les preguntaron: «¿Qué hacen? ¿Por qué desatan ese asno?»

    Ellos respondieron como Jesús les había dicho y nadie los molestó. Entonces le llevaron el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó. Muchos extendían sus mantos sobre el camino; otros, lo cubrían con ramas que cortaban en el campo. Los que iban delante y los que seguían a Jesús, gritaban: «¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!»

    Palabra del Señor.

    Queridas hermanas y queridos hermanos: 

    Este Evangelio se proclamará el próximo domingo, antes de la procesión de entrada al templo, memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén. El anuncio de este Evangelio nos lleva conmemorar ese momento y nos dispone a entrar, con toda la Iglesia, en la Semana Santa, en la que celebraremos el misterio central de nuestra Fe.

    Se acercaba la Pascua judía, en los primeros días de la primavera, en Judea. Millares de judíos iban a Jerusalén para celebrar esta fiesta, cumpliendo así con la ley de Moisés; entre ellos van Jesús y sus discípulos. En general, los judíos peregrinaban en grupo para tener una mayor seguridad ante cualquier inconveniente, ya que muchos de ellos debían recorrer largas distancias. Habitantes de las diferentes poblaciones se agrupaban a la entrada de la ciudad para sumarse a la columna principal que ingresaba procesionalmente, cantando los salmos fijados por la Biblia para esta clase de actos.

    El pueblo esperaba ansiosamente la llegada de un mesías que los condujera, en nombre de Dios, por caminos de libertad, unidad, fidelidad a la ley; que los convirtiera en una gran nación y restaurara el antiguo reino de David. En estas fiestas pascuales se potenciaban las expectativas mesiánicas del pueblo. Jesús es saludado como el hijo de David, como aquel que viene en nombre del Señor. En este contexto, este saludo, junto al gesto de poner los mantos sobre el suelo, por donde Él iba a pasar, indican el reconocimiento de Jesús como un Rey enviado por Dios, lo que le da toda una connotación mesiánica.

    Unos kilómetros antes de llegar, cuando la peregrinación alcanzaba un número grande de participantes, Jesús manda a dos de sus discípulos a que le trajeran un asno y les da indicaciones precisas sobre cómo conseguirlo; además les dice que se lo traigan sin pedirle permiso a nadie. Aquí encontramos un signo interesante: Jesús conoce lo que hay más allá de su vista y lo que va a acontecer en el futuro y, además, puede disponer sin pedir permiso. Esto nos manifiesta un Jesús con autoridad.

    Entrar montado en un asno es un signo de humildad y mansedumbre.

    Jesucristo viene a nosotros en el nombre del Señor. Con el Domingo de Ramos, entramos en la Semana Santa. Semana en la que celebraremos el poder de este rey pacífico que viene a vencer el pecado y la muerte. La primera invitación es a dejarlo entrar en nuestras vidas para que Él pueda realizar en nosotros el misterio pascual. Tenemos necesidad de ser liberados por Él.

    Todos deseamos que el Reino de Dios se haga presente con más fuerza en nuestro corazón y en nuestra sociedad. Jesucristo se identifica con el Reino. Él vivió su vida haciendo el bien y realizando la voluntad del Padre. Su muerte fue fruto de su opción por manifestar el amor del Padre a todos: perdonó a los pecadores, sentó a su mesa a los despreciados por la sociedad, manifestó el amor de un Dios Padre, rico en misericordia, ubicó la ley como mediación en la búsqueda del bien de cada persona, se manifestó como el

    mesías esperado. Las autoridades no pudieron aceptar esta transgresión a las costumbres y las leyes por ellos impuestas. Jesús no claudicó. Él pudo evitar su muerte, traicionando la misión que el Padre le encomendó; pero fue fiel hasta el extremo de entregar su vida. En la cruz se manifiesta la plenitud del amor; por ello, en ella es vencido el pecado y se manifiesta la gloria de Dios. Dios es amor, la cruz es el signo más elocuente de ese amor.

    En la cruz, signo elocuente del amor de Dios, su Reino se manifiesta con toda plenitud. Él se hace presente ahí donde los hombres vivimos como hermanos entre nosotros, sin excluir a nadie. El Reino de Dios se manifiesta cuando nos perdonamos y somos solidarios entre nosotros, cuando trabajamos por la justicia, buscando juntos la verdad y construyendo vínculos de paz. ¡Qué necesidad tenemos de que el Reino de Dios crezca entre nosotros! En un mundo tan marcado por diferentes formas de violencia y de injusticias, en donde nos hacemos dueños de la verdad y perdemos nuestra referencia al Creador, en donde muchas veces se instala el individualismo y la indiferencia. Los hombres muchas veces nos alejamos de Dios y nos vamos fabricando falsos dioses que siempre nos dejan vacíos y confundidos.

    En esta Pascua, Jesús viene en nombre de Dios, para llevarnos al amor del Padre y hacer de nosotros una familia reunida en el amor. En cada Pascua el Señor nos lleva al encuentro del sentido último de nuestra vida.

    El pueblo peregrinaba cada Pascua hacia Jerusalén. Somos un pueblo peregrino en camino a la casa del Padre. En esta peregrinación nos acompaña Jesús y, en cada Pascua, nos lleva a dar un paso, a pasar de todo aquello que no nos deja amar como Él nos ama a nuevas dimensiones de amor. Sólo amando como con el mismo amor de Jesús encontramos el sentido de nuestra vida y, por eso, el gozo y la paz verdadera. Como peregrinos, dejemos que Jesús nos lleve a dar este paso, rompiendo lo que nos esclaviza y no nos deja vivir la libertad del amor.

    Al escuchar la Pasión del Señor contemplemos su amor por cada uno de nosotros. Dejemos que su vida y su entrega final muevan nuestro corazón a seguirlo, a dar la vida como Él la dio. Es entregando la vida por amor que nuestra vida cobra pleno sentido.

    En el relato de la Pasión según san Marcos, aparecen con claridad los contrastes: Jesús que da la vida por amor al Padre y a la humanidad, los que lo llevan a la muerte que, incluso, lo condenan antes del juicio, los que no entienden lo que está pasando, los que lo abandonan, lo niegan y hasta lo traicionan.

    Entremos en las escenas de este relato, como si estuvieras ahí, y pidámosle a Jesús poder identificarnos con Él; morir con Él al pecado para renacer a una vida nueva.

    Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 14, 1-15, 47 

    Buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte

    C. Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Acimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte. Porque decían: 
    S. «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo.»

    Ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura

    C. Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí: 
    S. «¿Para qué este derroche de perfume? Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres.» 
    C. Y la criticaban. Pero Jesús dijo: 
    + «Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán hacerles bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo.»

    Prometieron a Judas Iscariote darle dinero

    C. Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a ver a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba una ocasión propicia para entregarlo.

    ¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?

    C. El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: 
    S. «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?» 
    C. El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: 
    + «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?" Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario.» 
    C. Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

    Uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo

    C. Al atardecer, Jesús llegó con los Doce. Y mientras estaban comiendo, dijo: 
    + «Les aseguro que uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo.» 
    C. Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro:
    S. «¿Seré yo?»
    C. Él les respondió: 
    + «Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»

    Esto es mi Cuerpo. Esta es mi Sangre, la Sangre de la alianza

    C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: 
    + «Tomen, esto es mi Cuerpo.» 
    C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: 
    + «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.»

    Antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces

    C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos. Y Jesús les dijo: 
    + «Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea.» 
    C. Pedro le dijo: 
    S. «Aunque todos se escandalicen, yo no me escandalizaré.» 
    C. Jesús le respondió: 
    + «Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces.» 
    C. Pero él insistía: 
    S. «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré.» 
    C. Y todos decían lo mismo.

    Comenzó a sentir temor y a angustiarse

    C. Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: 
    + «Quédense aquí, mientras yo voy a orar.» 
    C. Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo: 
    + «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando.» 
    C. Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía: 

    + «Abba -Padre- todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.» 
    C. Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro: 
    + «Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.» 
    C. Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo: 
    + «Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar.»

    Deténganlo y llévenlo bien custodiado

    C. Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal: 
    S. «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado.» 
    C. Apenas llegó, se le acercó y le dijo: «Maestro.» Y lo besó. Los otros se abalanzaron sobre él y lo arrestaron. Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús les dijo: 
    + «Como si fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos. Todos los días estaba entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras.» 
    C. Entonces todos lo abandonaron y huyeron. Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron; pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo.

    ¿Eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito?

    C. Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego. Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban. Algunos declaraban falsamente contra Jesús: 
    S. «Nosotros lo hemos oído decir: "Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano del hombre."» 
    C. Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la asamblea, interrogó a Jesús: 
    S. «¿No respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?» 
    C. El permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: 

    S. «¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios bendito?»
    C. Jesús respondió: 
    + «Sí, yo lo soy: y ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo.» 
    C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
    S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?» 
    C. Y todos sentenciaron que merecía la muerte. Después algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían: 
    S. «¡Profetiza!» 
    C. Y también los servidores le daban bofetadas.

    Se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando

    C. Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo: 
    S. «Tú también estabas con Jesús, el Nazareno.» 
    C. Él lo negó, diciendo: 
    S. «No sé nada; no entiendo de qué estás hablando.» 
    C. Luego salió al vestíbulo. La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes: 
    S. «Éste es uno de ellos.» 
    C. Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que estaban allí dijeron a Pedro: 
    S. «Seguro que eres uno de ellos, porque tú también eres galileo.» 
    C. Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando. En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces.» Y se puso a llorar.

    ¿Queréis que os ponga en libertad al rey de los judíos?

    C. En cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Este lo interrogó: 
    S. «¿Tú eres el rey de los judíos?» 
    C. Jesús le respondió: 
    + «Tú lo dices.» 
    C. Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él. Pilato lo interrogó nuevamente: 
    S. «¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te acusan!» 
    C. Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy admirado a Pilato. En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo: 
    S. «¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?» 

    C. Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo: 
    S. «¿Qué debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?» 
    C. Ellos gritaron de nuevo: 
    S. «¡Crucifícalo!» 
    C. Pilato les dijo: 
    S. «¿Qué mal ha hecho?» 
    C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: 
    S. «¡Crucifícalo!»
    C. Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

    Hicieron una corona de espinas y se la colocaron

    C. Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: 
    S. «¡Salud, rey de los judíos!» 
    C. Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.

    Condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota y lo crucificaron

    C. Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo.» 
    Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos.» Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

    Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo

    C. Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían: 
    S. «¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!» 
    C. De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: 
    S. «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!»
    C. También lo insultaban los que habían sido crucificados con Él.

    Jesús, dando un gran grito expiró

    C. Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: 
    + «Eloi, Eloi, lamá sabactani.» 
    C. Que significa: 
    + «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 
    C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: 
    S. «Está llamando a Elías.» 
    C. Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo: 
    S. «Vamos a ver si Elías viene a bajarlo.» 
    C. Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró.

    Aquí todos se arrodillan, y se hace una breve pausa.

    C. El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: 
    S. «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!» 
    C. Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén. 

    José hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro

    C. Era día de Preparación, es decir, vísperas de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea -miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios- tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. 
    Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. 
    Informado por el centurión, entregó el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 
    María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto. 

    Palabra del Señor.

    Nos preguntamos: ¿Vivo esta cuaresma como un tiempo de profunda comunión con Cristo? ¿Dejo que el Señor me transmita su misma vida de amor?

    Un bendecido tiempo cuaresmal para todos,

    P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

    Centro de Espiritualidad Palotina

    SALMO RESPONSORIAL Sal 50, 3-4. 12-15

    R. Crea en mí, Dios mío, un corazón puro.

    ¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
    por tu gran compasión, borra mis faltas!
    ¡Lávame totalmente de mi culpa
    y purifícame de mi pecado! R.

    Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
    y renueva la firmeza de mi espíritu.
    No me arrojes lejos de tu presencia
    ni retires de mí tu santo espíritu. R.

    Devuélveme la alegría de tu salvación,
    que tu espíritu generoso me sostenga:
    yo enseñaré tu camino a los impíos
    y los pecadores volverán a ti. R

  • Carta del papa Francisco a los argentinos con motivo del 5° aniversario de su pontificado

    A las argentinas y argentinos que me expresaron su cercanía en el quinto aniversario de mi elección, quiero hacerles llegar mi afecto y gratitud.

    Me conmueve descubrir que, además del respetuoso saludo de las autoridades, en esta carta se hayan unido personas de diferentes procedencias religiosas, políticas e ideológicas. Así se confirma que no es imposible encontrar razones para encontrarse y que "la unidad es superior al conflicto.

    Quisiera decirles que el amor por mi Patria sigue siendo grande e intenso. Rezo todos los días por ese, mi pueblo que tanto quiero. Y a los que puedan sentirse ofendidos por alguno de mis gestos, les pido perdón. Puedo asegurarles que mi intención es hacer el bien y que a esta edad mis intereses ya tienen poco que ver con mi persona. Pero, aunque Dios me confió una tarea tan importante y Él me ayuda, no me liberó de la fragilidad humana. Por eso puedo equivocarme como todos.

    Si alguna vez se alegran por cosas que yo pueda hacer bien, quiero pedirles que las sientan como propias. Ustedes son mi pueblo, el pueblo que me ha formado, me han preparado y me ha ofrecido al servicio de las personas. Aunque ahora no tenemos el gozo de estar juntos en nuestra Argentina, recuerden que el Señor ha llamado a uno de ustedes para llevar un mensaje de fe, de misericordia y de fraternidad a muchos rincones de la tierra.

    Pido por todos ustedes, para que sean canales del bien y la belleza, para que puedan hacer su aporte en defensa de la vida y de la justicia, para que siembren paz y fraternidad, para que mejoren el mundo con su trabajo, para que cuiden a los más débiles y compartan a manos llenas todo lo que Dios les ha regalado.

    Como siempre, a los que tienen fe les pido que recen por mí y a los que no tienen fe, les ruego que me deseen cosas buenas.

    Con cariño de hermano y de padre,

    Francisco.