Martes, 20 Febrero 2018 | Login
COMENTARIO AL EVANGELIO - VI domingo  durante el año - 11 de febrero de 2018

COMENTARIO AL EVANGELIO - VI domingo durante el año - 11 de febrero de 2018

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 40-45

Se le acercó un leproso a Jesús para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”. Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares despoblados. Y acudían a él de todas partes. Palabra del Señor.

Palabra del Señor.

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Nuevamente nos encontramos frente a una curación obrada por Jesús, que el Evangelista narra en términos de “purificación”.

En la antigüedad muchas de las enfermedades de la piel que hoy conocemos con sus distintas denominaciones y que sabemos que no son lo mismo una que otra, caían todas bajo la denominación de lepra como si se tratase de la misma afección. Debido al desconocimiento que se tenía, consideraban que estas enfermedades eran muy contagiosas y que estaban misteriosamente ligada a lo religioso. Por esta razón, la ley de Moisés ordenaba, en el Libro del Levítico, que quien padecía algún síntoma que hiciera sospechar que estaba afectado por esta enfermedad debía ser considerado impuro, apartado de la comunidad estaba obligado a vivir en lugares desiertos imposibilitado a asistir a los actos de culto a Dios. Esto hacía que la misma persona se sintiera rechazada incluso por Dios. Esto justifica la intervención del sacerdote que debía verificar la enfermedad y decretar la expulsión, así como constatar la curación y luego del rito de purificación reincorporarlo a la comunidad. Mientras durara la enfermedad el leproso no podía tomar contacto con nadie, y si alguien tomaba contacto con él o con sus pertenencias quedaba en condición de impuro.

Por todo esto impacta el relato del Evangelio, el leproso toma la iniciativa y se acerca a Jesús, sin importarle a qué lo expone, y Jesús sabiendo a qué se está exponiendo no lo rechaza. El Maestro se conmueve ante la súplica de este hombre, que está ahí de rodillas, y para el colmo del asombro lo toca.

No es porque sí no más que el texto en pocos renglones insiste tanto con el verbo “purificar” y no utiliza el verbo sanar. Parece que el acontecimiento quiere poner de manifiesto el cambio de status religioso de aquel que era considerado “impuro”.

Luego, llama la atención que Jesús, que había transgredido la ley al tocarlo, le ordena que cumpla con la Ley presentándose al sacerdote entregando la ofrenda establecida por Moisés. Pero, esto tiene una finalidad: “para que les sirva de testimonio”, las curaciones; las liberaciones; las purificaciones, están indicando algo.

El leproso, como los demás enfermos, son como una indicación de cómo se encontraba la humanidad antes de la llegada de Jesús, el hombre era incapaz de llegar a Dios, sus actos de culto nunca le alcanzarían la pureza necesaria. Solo un Dios hecho hombre podía llevar a los hombres a Dios, y esto es lo que manifiesta este pasaje. El leproso, que nos representa, reconoce su situación de impureza y sólo se atreve a decir: “si quieres, puedes purificarme”, y el texto dice de Jesús que se conmovió, mostrando de este modo las entrañas de misericordia de Dios y su amor por su creatura, entonces lo tocó.

El verbo de Dios al encarnarse asume en todo nuestra naturaleza humana, no se horroriza de nuestras miserias, y se hace igual a nosotros en todo, menos en el pecado.

Las palabras y el gesto de Jesús nos muestran la voluntad del Padre que quiere que toda la humanidad sea pura, es decir capaz de entrar en relación con Dios.

Este texto debe animarnos en los momentos que tomamos conciencia de nuestros pecados para ponernos ante Jesús con la misma confianza del leproso y decirle: “si quieres…”, sabiendo de antemano que Él lo quiere, si con humildad y confianza nos volvemos a Él.

 Un bendecido domingo para todos,

Rubén J Fuhr, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

SALMO RESPONSORIAL Sal 31, 1-2. 5. 11

¡Me alegras con tu salvación, Señor!

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta!

¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

 

Pero yo reconocí mi pecado,

no te escondí mi culpa,

pensando: “Confesaré mis faltas al Señor”.

¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

 

Alégrense en el Señor,

regocíjense, los justos.

¡Canten jubilosos, los rectos de corazón! R

000

About Author

Artículos relacionados (por etiqueta)

  • Encuentro “Evangelización, Enseñanza Religiosa y Catequesis”
    EMPEZÁ EL AÑO CON UN IMPULSO RENOVADO

    Encuentro
    “Evangelización, Enseñanza Religiosa y Catequesis” 
     
    https://www.google.com.ar/maps/place/Colegio+Marianista/@-34.622381,-58.4470366,17z/data=!4m13!1m7!3m6!1s0x95bcca396eb5d4ed:0x822262490bbb856d!2sAv.+Rivadavia+5652,+C1424+CABA!3b1!8m2!3d-34.6223854!4d-58.4448479!3m4!1s0x95bcca39662686a9:0x671401e0651b2f49!8m2!3d-34.6221997!4d-58.4447195
     
    Colegio La Salle
     
     Imagen integrada 3
     
    Jueves 22 y Viernes 23 de febrero de 2018
     
    Imagen integrada 2
     
    Jueves 22 de 10 a 19 hs.
    Viernes 23 de 9 a 14 hs.
     
    Imagen integrada 1
     
    $300.-
     
        Imagen integrada 4
     
    Vamos a encontrarnos para abordar el tema de la Evangelización, la Educación Religiosa y la Catequesis en nuestros centros educativos.
     
    El anuncio explícito del Evangelio es decisivo para nuestra identidad y para nuestra misión: ¿cómo lo estamos haciendo? ¿qué oportunidades y qué dificultades encontramos? ¿cómo impactan los diferentes contextos en nuestras experiencias? ¿qué nuevos desafíos se nos presentan al educar en la fe? 
     
     
    En el encuentro podrás participar y hacer tu aporte a los siguientes temas:

        Aclarando términos y alcances: catequesis, educación religiosa, formación religiosa y clases de religión
        Las metodologías para el anuncio evangélico en los formatos escolares
        Redescubriendo una misión: la persona del agente de pastoral
        Mesa redonda: problemáticas de la evangelización en la escuela
        Búsquedas espirituales y respuestas pastorales
        Comunicar la novedad del Evangelio en este tiempo
     
    Dirigido a encargados de pastoral, agentes de pastoral, catequistas, profesores de religión y directivos pedagógicos.
     
    Está abierto a todos los que deseen participar.
     
    Los interesados pueden inscribirse completando el siguiente formulario
     
     
    Más información
     
    ¡Los esperamos!
  • Encuentro “Evangelización, Enseñanza Religiosa y Catequesis”
    EMPEZÁ EL AÑO CON UN IMPULSO RENOVADO

    Encuentro
    “Evangelización, Enseñanza Religiosa y Catequesis” 
     
    https://www.google.com.ar/maps/place/Colegio+Marianista/@-34.622381,-58.4470366,17z/data=!4m13!1m7!3m6!1s0x95bcca396eb5d4ed:0x822262490bbb856d!2sAv.+Rivadavia+5652,+C1424+CABA!3b1!8m2!3d-34.6223854!4d-58.4448479!3m4!1s0x95bcca39662686a9:0x671401e0651b2f49!8m2!3d-34.6221997!4d-58.4447195
     
    Colegio La Salle
     
     Imagen integrada 3
     
    Jueves 22 y Viernes 23 de febrero de 2018
     
    Imagen integrada 2
     
    Jueves 22 de 10 a 19 hs.
    Viernes 23 de 9 a 14 hs.
     
    Imagen integrada 1
     
    $300.-
     
        Imagen integrada 4
     
    Vamos a encontrarnos para abordar el tema de la Evangelización, la Educación Religiosa y la Catequesis en nuestros centros educativos.
     
    El anuncio explícito del Evangelio es decisivo para nuestra identidad y para nuestra misión: ¿cómo lo estamos haciendo? ¿qué oportunidades y qué dificultades encontramos? ¿cómo impactan los diferentes contextos en nuestras experiencias? ¿qué nuevos desafíos se nos presentan al educar en la fe? 
     
     
    En el encuentro podrás participar y hacer tu aporte a los siguientes temas:

        Aclarando términos y alcances: catequesis, educación religiosa, formación religiosa y clases de religión
        Las metodologías para el anuncio evangélico en los formatos escolares
        Redescubriendo una misión: la persona del agente de pastoral
        Mesa redonda: problemáticas de la evangelización en la escuela
        Búsquedas espirituales y respuestas pastorales
        Comunicar la novedad del Evangelio en este tiempo
     
    Dirigido a encargados de pastoral, agentes de pastoral, catequistas, profesores de religión y directivos pedagógicos.
     
    Está abierto a todos los que deseen participar.
     
    Los interesados pueden inscribirse completando el siguiente formulario
     
     
    Más información
     
    ¡Los esperamos!
  • MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2018

    «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión»[1], que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

    Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

    Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

    Los falsos profetas

    Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

    Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

    Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

    Un corazón frío

    Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo[2]; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

    Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos[3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

    También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

    El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero[4].

    ¿Qué podemos hacer?

    Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

    El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos[5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

    El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?[6]

    El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

    Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

    El fuego de la Pascua

    Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

    Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

    En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu»[7], para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

    Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

    Vaticano, 1 de noviembre de 2017
    Solemnidad de Todos los Santos

    Francisco

     

    http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/papa-francesco_20171101_messaggio-quaresima2018.html