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Manifiesto en motivo del 8 de marzo

Manifiesto en motivo del 8 de marzo

La Asociación de Teólogas Españolas, junto con los colectivos y personas abajo firmantes, con motivo de la celebración de la mujer trabajadora del 8 de marzo, nos hemos querido sumar a las manifestaciones públicas a favor de las mujeres. De forma festiva, pero también reivindicando la dignidad de las hijas de Dios en este mundo desigual donde frecuentemente se vulneran. 1. Necesitamos hablar de las mujeres y no de “la mujer” Dios se encarnó para ser un ser humano concreto, una persona histórica particular e irrepetible, Jesús. Su vida, y no otra, sus palabras, y no otras, su muerte y su resurrección son las que nos hacen presentes de forma más íntima y cercana a Dios. El Dios de Jesús no se mueve en las generalidades, que homogenizan y cosifican aquello que pretenden describir. Es por ello que Jesús siempre se dirige a la persona que tiene en frente, la llama por su nombre y la hace lugar de manifestación de Su gracia (Lc. 7, 48-50; 8,43-48…). En la misma línea, hablar de “la mujer”, como si se tratara de una categoría genérica, en lugar de “las mujeres”, en plural, empequeñece aquello que pretende describir: asume que todas sentimos igual, actuamos igual y vivimos igual. Que una idea general de “la mujer” vale por todas. Se desdibuja así aquello que caracteriza la vida, es decir, la experiencia personal. Y sólo en este espacio, sólo en la experiencia particular de cada mujer y de cada hombre, se hace el Dios de Jesús presente, reconcilia y restaura. La reconciliación no es un principio general y abstracto que afecta poco. Por el contrario, da forma a la vida en su expresión más concreta. De igual manera que Dios no es una hipótesis, un objeto de estudio al que podamos mover aquí o allí según convenga, tampoco lo son las mujeres: cada una de nosotras es lugar de manifestación de Dios en su vida y experiencias concretas. 2. Somos hijas e hijos de Dios por un mismo bautismo. Hermanas y hermanos en Cristo en discipulado de iguales. Los relatos de la creación en Gn. 1 y 2 hablan de la creación de ser humano como un ser en relación: desde el principio éste es creado como varón y como mujer. Ninguno de ellos posee al otro ni es la medida del otro: la medida, la imagen, es siempre la de Dios. En este sentido, el ser humano, ya sea varón o mujer, expresa su ser imagen de Dios cuando reconoce y aprecia la existencia de otros (ya sea de Dios, ya sea de sus iguales, hombres y mujeres). Hombre y mujer no somos fragmentos, pareja de opuestos, que expresen juntos la imagen de Dios, como dos piezas de un puzzle que encajan para reflejar una imagen superior, sino que a través del 2 bautismo hemos sigo marcados para llevar a la plenitud la humanidad que nos habita a cada uno, sin depender o complementar unos a otros o hacer diferencias y discriminaciones, porque es Cristo el que nos dignifica haciéndonos hermanas y hermanos frente a Dios. Por eso en el reconocimiento de la valía y dignidad del hombre a la mujer y de la mujer al hombre nos constituimos en cuerpo de Cristo, Iglesia diversa y en camino, empujados por la fuerza del Espíritu (Rom 8,1 3 son testigos inmediatos de su tarea. Jesús las siente discípulas y se relaciona con ellas como tal. Son mujeres de todo tipo y condición y están en el mismo plano y tienen los mismos derechos que los varones en el grupo de Jesús. Son mujeres sanadas o liberadas, como aquellos varones que también fueron sanados, y son llamadas por Él a seguirle. Ese primer grupo de Jesús es el germen e inicio de nuestra Iglesia. Si eliminamos todas las interpretaciones no adecuadas o “manipuladas” que se han hecho de este texto, poniendo voz y visibilizando a las primeras mujeres y a otras en la historia de nuestra Iglesia, comprenderíamos que, como en tiempos de Jesús, la participación eclesial de mujeres hoy es germen de vida nueva en la Iglesia. La participación de las mujeres en la Iglesia, su ser mujeres en ella, es germen de vida porque aceptan y asumen con responsabilidad y corresponsabilidad las tareas encomendadas como hacen en otros espacios; porque hacen memoria de tantas mujeres que en la historia y en la Iglesia han sido silenciadas; porque tienen palabra y voz válida y comprometida; porque están implicadas el trabajo en red dentro de la comunidad creyente y están presentes también en otros colectivos de mujeres o en el diálogo interreligioso enriqueciendo a la comunidad creyente; porque tienen gestos que denuncian que, aunque como Iglesia reconozcamos la igualdad entre varones y mujeres, en la práctica hay subordinación e inferioridad. Es fundamental el trabajo de algunas teólogas (y también algunos teólogos) que “escuchan los silencios” y desvelan la presencia escondida de las mujeres en la Biblia, desenmascarando los elementos patriarcales y androcéntricos, revelando que ellas “fueron narradas o contadas” por ellos y haciendo una exégesis crítica que ilumina los textos bíblicos que se usan para defender la inferioridad de la mujer. Ellas releen el mensaje cristiano desde la situación, la óptica y la sensibilidad de su ser mujeres, para dar voz a las olvidadas durante muchos siglos y crecer en el conocimiento de la Palabra junto con los varones. También es fundamental la participación en las comunidades cristianas de varones y mujeres, que no ahogan la personalidad y el modo de hacer de cada uno, que aceptan lo femenino como algo necesario y no como algo extraño. Ser germen de vida nueva es ser comunidades donde las mujeres se sienten valoradas y animadas a aportar desde su propia experiencia creyente. Ser comunidades que viven en actitud de servicio hacia dentro y hacia fuera para que ningún hombre se crea más que una mujer y se vivan relaciones de igualdad y fraternidad. Ser comunidades y grupos donde realmente el centro es Jesús de Nazaret, quien nos llama, nos reúne y nos envía con nuestro nombre en su nombre. 4 “Iban con él los doce y algunas mujeres” y hoy también mujeres y varones a la par, caminando con Jesús, hacen visible la acción del reino en nosotros. La levadura es capaz de levantar la masa y el grano de mostaza capaz de convertirse en arbusto donde anidan los pájaros. Así, nosotras y nosotros, con nuestros pequeños gestos podemos levantar y hacer germinar una Iglesia, comunidad creyente de varones y mujeres que reflexionan y caminan juntos en igualdad y reciprocidad. 4. Sin las mujeres no hay futuro «Solo el Reino es Absoluto, lo demás es relativo» (EN, 8). Estas palabras rotundas del papa Pablo VI en la Evangelii Nuntandi expresan la centralidad que ocupa el Reino en la Iglesia y en la vida creyente. Ese lugar y espacio nuclear no es otro que la vida del Dios trinitario. En Jesús, el Cristo, en su vida, en sus palabras y en su modo de establecer relaciones hemos comprendido nuestra propia medida humana e histórica. El Reino nos habla de un tiempo en el que «Dios es soberano» (Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, 2007) de la historia que nosotros y nosotras mismas construimos. Como sabemos, nuestra vida de fe se expresa a través de nuestra presencia en el mundo y no siempre, como mujeres, hemos visto y sentido su lado amable. Desde el inicio, las mujeres proclamaron que era “tiempo de Reino”. María de Nazaret, siguiendo a otras anteriores a ella, creyó en esta posibilidad (Lc 1,46-53). Su cuerpo fue espacio para dar vida a la Vida, a la que amantó y acompañó hasta la muerte. Ella es la imagen del discipulado para el resto. Pero el discipulado exige siempre tomar partido por el amor y exclamar que nada en esta casa común nos resulta indiferente (LS, 2). Como María, las discípulas y discípulos de Jesús hemos experimentado que la libertad recibida, a la que se nos llama como bautizadas y bautizados, ha sido cercenada a través de la historia. En nuestros días esto alcanza unas condiciones más graves todavía, al formar parte de una cultura capitalista en la que, casi cualquier persona puede ser descartada y expulsada por el sistema. Así, el dios dinero, la explotación, el abuso, la trata y la destrucción de la madre y hermana tierra está empañando muchas veces la presencia del Dios vivo. Sin embargo, la vida de la gracia se manifiesta en el empeño de muchas mujeres que continúan buscando las causas estructurales, las mutuas conexiones de estos sistemas de explotación y que se empeñan en revertirlas. Debemos seguir rezando y buscando la presencia de la divinidad en las experiencias de las mujeres, en sus vidas y en los movimientos sociales y sindicales que lideran. Como el papa Francisco señala: «La historia lleva las huellas de los excesos de las 5 culturas patriarcales» (AL, 54) y ahora debemos todos tomar partido. Necesitamos juntos transitar las sendas que nos abre la revolución de la ternura. En muchos lugares, la vida es sostenida por las mujeres, que desgastan su vida para cuidar a otras criaturas de Dios, esperanzadas de que el mundo puede ser transformado. Sin ellas, sin tenerlas en cuenta, sin su trabajo, sus necesidades, sus preguntas y sus denuncias no hay futuro para este mundo. Escuchar y atender a las mujeres es garantía de futuro para la humanidad. El bienestar de las mujeres en la sociedad es el termómetro de las sociedades democráticas y la superación de la violencia como beneficio para toda la humanidad. 5. Unidos contra la violencia contra las mujeres en sus distintas formas simbólicas y físicas, sociales y eclesiales. Por eso es necesario proteger la vida que da fruto como una opción del Reino. El cuerpo de las mujeres es objeto de disputas, de luchas de poder y de dominación donde a menudo se proyectan las insuficiencias, los complejos o las rivalidades de los varones. Los crímenes de honor no pertenecen al pasado ni al mundo empobrecido. En España, los datos sobre la violencia contra las mujeres muestran que en un 22% de las mujeres han sufrido violencia física y/o sexual en algún momento de su vida. Hoy en día sigue habiendo discursos ideológicos y religiosos que no solamente no condenan la violencia contra las mujeres, sino que mantienen la ambigüedad, la justifica y en algunos casos sacralizan el menosprecio y la sumisión de las mujeres, en nombre de las lecturas sesgadas de los propios textos sagrados o las tradiciones. A menudo se cuestionan las reflexiones y los estilos de vida de las mujeres que se alejan del ideal estereotipado del eterno femenino de la maternidad, objetivando a las mujeres sólo por sus ritmos fisiológicos y justificando claves culturales de sumisión y pasividad al varón que no corresponden a la libertad de los hijos e hijas de Dios. Se trata de una violencia simbólica que menoscaba la autoestima de muchas mujeres, culpabilizándolas y dificultando su vida y sus relaciones con los demás. Esta violencia es el desencadenante de las desigualdades educativas, de los techos de cristal en los empleos y los salarios, de las discriminaciones laborales y sociales por razón de sexo, de las jornadas dobles y triples de las mujeres en el reparto de las tareas de cuidado. También en las familias, cuando se educa diferente a hijas e hijos, privando de libertad a las hijas y justificando los comportamientos machistas de los hijos. La violencia 6 simbólica también existe en la pareja, cuando se controla y domina sexual y económicamente a las mujeres, impidiéndolas trabajar, tener autonomía o decisión sobre su propia vida. Nos encontramos ante un problema estructural, un pecado enraizado en la base de nuestras sociedades y en el que debemos intervenir con la coherencia propia de la propuesta de Jesús. No debemos pensar que la violencia contra las mujeres es sólo su forma física, cuando se ven las consecuencias de un ensañamiento contra la persona. Esta violencia, terrible, que deja cada año un número de mujeres asesinadas y otro tanto de huérfanos, nos recuerda que los cristianos debemos ayudar a la erradicación de estos comportamientos, no solo en su parte visible, sino también en las bases de su presencia en la sociedad. Por eso no basta con paliar las consecuencias y atender a las mujeres violentadas, sino actuar en otros problemas como el derecho a la vida, la igualdad en el trabajo y en la educación, la participación en la toma de decisiones políticas y en las decisiones de las políticas sociales. Si algo ha de ser la familia cristiana es un crisol de empoderamiento y libertad. Ejemplo para la humanidad de acompañamiento de seres humanos que se toman en serio la vida del otro, respetándole y dándole espacios de realización personal. Es un reto educar a los niños y niñas en la igualdad y el reconocimiento de las diferencias como una oportunidad de sentirse iguales y no unos mejores que otras. Sabemos además, que habrá que reforzar los procesos de crecimiento y autonomía de las niñas y mujeres para contrarrestar los efectos tan agresivos de las culturas machistas. Apoyar a las mujeres en su realización personal es favorecer familias sanas, empleos igualitarios, economías justas y políticas estatales equilibradas. Todo ello es construir Reino de Dios aquí y ahora. Esa es nuestra tarea como cristianos y cristianas que buscan mostrar al Dios de la misericordia y la fraternidad.

A marzo de 2018

Firmado:

Colectivos: Asociación de Teólogas Españolas Red Miriam 7 Colectivo Agar Iglesia Evangélica Española (IEE) Col·lectiu de Dones en l’Església per la Paritat Grupo Bíblico de Estudio del Evangelio de Marcos (Torre del Mar, Málaga) Institución Javierana Comunidad de Base de Canillejas (Miguel Ángel Mesa) Comunidad Inter-Lavapiés Provincia Vedruna de Europa (Carmelitas de la Caridad) Asociación Mulleres Cristiás Galegas Exeria Teólogos en el Horno Asociación de Presbíteras Católicas Romanas Mujeres y Teología de Madrid Eclesalia Informativo Apostólicas del Corazón de Jesús Instituto de la Bienaventurada Virgen María (provincia española) Sector Dona HOAC Valencia Mujeres y Teología de Zaragoza Asociación Mexicana de Reflexión Teológica Feminista (AC, AMERTEF) Asociación Encrucillada Centro Pignatelli (Zaragoza, Compañía de Jesús) Plataforma Evangelio, Justicia y Derechos Sociales Naüm. Projecte socioeducatiu (Gnes. de la Caritat, Mallorca) Creients i feministes (Mallorca) Grupo Bíblico de Luz Mundi (Torre del Mar, Málaga) Juventud Obrera Cristiana (JOC) 8 Obra Social y Fundación Amaranta de Adoratrices (Adoratrices Esclavas del Stmo. Sacramento y de la Caridad) CP San Carlos Borromeo Asociación Irimia Luz Casanova. Obra Social Apostólicas Corazón de Jesús Individuales: Silvia Lilian Ferro (Universidad Federal por la Integración Latino-Americana, UNILA) Cristina Leonor Carrasco Araya (Las Palmas de Gran Canaria) José Hermógenes Martín Rodríguez Mónica Ukasaki (Buenos Aires, Argentina) Covadonga Orejas Fernández (Carmelita de la Caridad Vedruna) Puy Araujo Barón (Carmelita de la Caridad Vedruna) Genoveva Díaz Sierra María Pía Brugnara Casagranda (Perú) Norma Argerich Muro Rvda. Vilma M. Machín Vázquez (Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico) María Isabel Martínez Rocha (Mujeres en Comunidades Eclesiales de Base, CEBs, México) Patricia Torres Hernández (Veracruz, México) Xavier Alegre Candelas Arranz Pumar Begoña Husillos Conchi Martín Pardo (Bilbao) Aurora María Ruiz Bejarano (docente universitaria) Antonia Ortiz Sánchez 9 Dra. Marilú Rojas Salazar Érica Canalicchio (Argentina) Luz Ángela Cordero Martín-Consuegra Isabel Pavón Bergara [Para adherirse, es necesario mandar un correo-e a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.].

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  • Documento de la Reunión pre-sinodal en preparación de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (Roma, 19-24 de marzo de 2018)

    SÍNODO DE LOS OBISPOS
    XV ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA
    «LOS JÓVENES, LA FE Y EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL»

    REUNIÓN PRE-SINODAL

    ROMA, 19-24 DE MARZO 2018

    DOCUMENTO

    INTRODUCCIÓN

    El joven de hoy se encuentra con una gran cantidad de desafíos y oportunidades internas y externas, muchas son específicas de su ambiente, mientras otras son compartidas en todo el mundo. A la luz de esto, es necesario que la Iglesia reflexione sobre su concepción de los jóvenes y el modo de interactuar con ellos, para ser una guía que sea efectiva, relevante y dadora de vida.

    Este documento es una síntesis donde expresamos algunos de nuestros pensamientos y experiencias. Es importante destacar que estas son las reflexiones de jóvenes del siglo XXI, de religiones y ambientes culturales diversos. Con esto en mente, la Iglesia debería ver estas reflexiones, no como un análisis empírico de un tiempo pasado, sino como una expresión de dónde estamos ahora, hacia dónde vamos, y como un indicador de lo que ella tiene que hacer para avanzar.

    Para iniciar, es importante clarificar los parámetros de este documento. No se trata de componer un tratado teológico, ni de establecer una nueva enseñanza de la Iglesia. Más bien, es una reflexión sobre realidades específicas, personalidades, creencias, y experiencias de jóvenes de todo el mundo. Este documento está destinado a los Padres Sinodales, como una orientación que les ayude a comprender mejor a los jóvenes: una hoja de ruta para el Sínodo de los Obispos sobre “Jóvenes, Fe y Discernimiento vocacional” de octubre de 2018. Es importante que estas experiencias sean vistas y entendidas de acuerdo a los distintos contextos en que los jóvenes se encuentran.

    Estas reflexiones surgen de la reunión de más de 300 jóvenes representantes de todo el mundo, convocados en Roma del 19-25 de marzo de 2018, en la Reunión Pre-Sinodal de Jóvenes.

    Este documento es un resumen de los aportes de todos los participantes, basado en el trabajo de 20 grupos lingüísticos y en la participación de 15,000 jóvenes conectados online a través de grupos de Facebook. Este documento es una de las fuentes, entre otras, que conformarán el Instrumentum Laboris, que contribuirá al trabajo del Sínodo de Obispos de 2018. Esperamos que la Iglesia y otras instituciones puedan aprender de este proceso Pre-Sinodal y escuchar la voz de los jóvenes.

    Una vez aclarado lo anterior, podemos avanzar para explorar con apertura y fe dónde se encuentra el joven hoy, dónde el joven se ve en relación con otros, y cómo nosotros como Iglesia podemos acompañarlos de la mejor forma hacia una comprensión más profunda de ellos mismos y de su lugar en el mundo.

    PARTE I

    DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES DE LOS JÓVENES

    EN EL MUNDO ACTUAL

    1. La formación de la personalidad

    Los jóvenes buscan el sentido de su vida en comunidades que los apoyen, los eleven, que sean auténticas y abiertas: comunidades que “les den alas” (empower). Reconocemos varios lugares que nos ayudan al desarrollo de nuestra personalidad, principalmente la familia. En muchas partes del mundo, el rol de los adultos y la reverencia por los antepasados son factores que contribuyen a la formación de la identidad. Sin embargo, esto no es universal, ya que el modelo tradicional de familia está en crisis en algunas partes. Esto hace sufrir a los jóvenes. Algunos, dejan atrás sus tradiciones familiares esperando ser más originales de lo que consideran como “estancado en el pasado” y “pasado de moda”. Por otro lado, en algunas partes del mundo, los jóvenes buscan su propia identidad permaneciendo enraizados en sus tradiciones familiares y luchando por permanecer fieles a la forma en que fueron criados.

    La Iglesia necesita, por tanto, apoyar a las familias y su formación. Esto es particularmente relevante en algunos países donde no hay libertad de expresión, y se les impide participar en la Iglesia, teniendo que ser formados en la fe por sus padres en el hogar.

    El sentido de pertenencia es un factor significativo a la hora de formar la propia identidad. Muchos experimentan que la exclusión social es un factor que contribuye a la pérdida de autoestima y de identidad. En el Medio Oriente, muchos jóvenes se sienten obligados a convertirse a otras religiones para ser aceptados por sus pares y el ambiente de una cultura dominante. Las comunidades de inmigrantes en Europa también sienten esto agudamente, pues la presión social los empuja a dejar su propia identidad cultural y asimilar la cultura dominante. Éste es un área en la cual la Iglesia necesita modelar, proveer espacio y sanación para nuestras familias; al afrontar estas situaciones, la Iglesia demuestra que hay lugar para todos.

    Vale la pena destacar que la identidad del joven también se forma por nuestras relaciones externas y pertenencia a grupos específicos, asociaciones y movimientos activos también fuera de la Iglesia. A veces, las parroquias ya no son lugares de conexión. Reconocemos el rol de educadores y amigos, por ejemplo, líderes de grupos juveniles que pueden llegar a ser para nosotros buenos ejemplos. Necesitamos encontrar modelos atractivos, coherentes y auténticos. Necesitamos explicaciones racionales y críticas para los asuntos complejos. Las respuestas simples no nos satisfacen.

    Algunos hoy consideran la religión un asunto privado. A veces, sentimos que lo sagrado resulta lejano de nuestra vida cotidiana. La Iglesia suele aparecer como demasiado severa y excesivamente moralista. En otras ocasiones, en la Iglesia, es difícil superar a la lógica del “siempre se ha hecho así”. Necesitamos una Iglesia acogedora y misericordiosa, que aprecie sus raíces y patrimonio y que ame a todos, incluso a aquellos que no siguen los estándares. Muchos de los que buscan una vida en paz acaban entregándose a filosofías o experiencias alternativas.

    Otros lugares clave de pertenencia son grupos como las redes sociales, los amigos y compañeros, como también nuestro ambiente social y cotidiano. Estos son lugares en los que muchos de nosotros pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. A menudo, nuestras escuelas no nos enseñan a desarrollar nuestro pensamiento crítico.

    Momentos cruciales para el desarrollo de nuestra identidad son: decidir qué vamos estudiar, elegir nuestra profesión, decidir nuestras creencias, descubrir nuestra sexualidad, y asumir compromisos decisivos para nuestras vidas.

    También nuestras experiencias con la Iglesia pueden modelar y afectar la formación de nuestra identidad y personalidad. Los jóvenes están adentrados (deeply vested in) y preocupados por temas como la sexualidad, las adicciones, los matrimonios fracasados, las familias rotas; como también por otros temas de mayor alcance social como el crimen organizado, el tráfico humano, la violencia, la corrupción, la explotación, el feminicidio, las diversas formas de persecución y la degradación del medio ambiente. Éstas implican una preocupación grave para comunidades vulnerables en todo el mundo. Tenemos miedo porque en muchos de nuestros países existe una inestabilidad social, política y económica.

    Al afrontar estos retos, necesitamos inclusión, acogida, misericordia y ternura de la Iglesia como institución y como comunidad de fe.

    2. La relación con la diversidad

    Los jóvenes están tratando de encontrar el sentido a un mundo muy complicado y diverso. Tenemos acceso a nuevas posibilidades para superar las diferencias y divisiones en el mundo, pero esto se está llevando a cabo en varios niveles, dependiendo de las realidades. Muchos jóvenes están acostumbrados a ver en la diversidad una riqueza, y a encontrar oportunidad en un mundo plural. La multiculturalidad tiene el potencial para facilitar un ambiente que propicie el diálogo y la tolerancia. Valoramos la diversidad de ideas en nuestro mundo globalizado, el respeto por el pensamiento ajeno y la libertad de expresión. Aún así, queremos mantener nuestra identidad cultural y evitar la uniformidad y la cultura del descarte. No debemos temer nuestra diversidad, sino celebrar nuestras diferencias y lo que nos hace únicos. A veces, nos sentimos excluidos por ser cristianos en un ambiente adverso a la religión. Somos conscientes de que tenemos que encontrarnos con nosotros mismos y con los otros para generar lazos profundos.

    En algunos países, la fe cristiana es minoría, mientras que otra religión es la dominante. Los países con raíces cristianas tienen actualmente la tendencia de rechazar gradualmente la Iglesia y la religión. Otros están tratando de buscar el sentido de la fe en una sociedad cada vez más secular, donde la libertad de conciencia y la religión están siendo atacadas. El racismo a diferentes niveles afecta a los jóvenes en las diversas partes del mundo. Aquí hay una oportunidad para la Iglesia de proponer otro “camino” para que los jóvenes vivan su vida, aunque esto se debe realizar algunas veces en un marco social complicado.

    Siguiendo esta línea, a veces es difícil para los jóvenes escuchar siquiera el mensaje del Evangelio. Esto se acentúa en aquellos lugares donde las tensiones sociales pueden llegar a ser muy comunes, a pesar de un aprecio general por la diversidad. Se necesita una particular atención hacia nuestros hermanos y hermanas cristianos perseguidos en todo el mundo. Nos acordamos de nuestras raíces cristianas con la sangre de los mártires y, mientras rezamos para que termine toda persecución, estamos agradecidos por su testimonio de fe al mundo. Además de eso, aún no existe un consenso sobre la cuestión de la acogida de migrantes y refugiados, ni sobre las causas de este fenómeno. Este desacuerdo se da a pesar del reconocimiento de la llamada universal a cuidar de la dignidad de cada persona.

    En un mundo globalizado e interreligioso, la Iglesia necesita, no sólo mostrar, sino también trabajar sobre las directrices teológicas ya existentes, para un diálogo pacífico y constructivo con personas de otras creencias y tradiciones.

    3. Los jóvenes y el futuro

    Los jóvenes sueñan con seguridad, estabilidad y plenitud. Muchos esperan una vida mejor para sus familias. En muchos lugares del mundo, esto significa buscar seguridad física; para otros, esto se relaciona más específicamente con encontrar un buen trabajo o un cierto estilo de vida. Un sueño común en todos los continentes y océanos es el deseo de encontrar un lugar al cual el joven pueda sentir que pertenece.

    Vislumbramos mejores oportunidades en una sociedad que es coherente y que confía en nosotros. Buscamos ser escuchados y no meros espectadores en la sociedad sino participantes activos. Buscamos una Iglesia que nos ayude a encontrar nuestra vocación en todos sus sentidos. Tristemente, no todos nosotros creemos que la santidad sea algo alcanzable ni un camino a la felicidad. Necesitamos revitalizar el sentido de comunidad que nos lleva al sentido de pertenencia.

    Algunas situaciones concretas hacen difícil nuestra vida. Muchos jóvenes han experimentado grandes traumas de diversas formas. Muchos sufren todavía el peso de enfermedades físicas y mentales. La Iglesia necesita apoyarnos más y proveer vías que ayuden en nuestra sanación. En algunas partes del mundo, la única forma de asegurarse un futuro es recibiendo una educación superior o trabajando excesivamente. A pesar de que esto es un estándar comúnmente compartido, no es siempre posible, debido a varias circunstancias en las que los jóvenes se encuentran. Esta idea es una noción predominante que ha afectado nuestra concepción del trabajo. No obstante esta realidad, los jóvenes desean afirmar la dignidad inherente al trabajo. A veces, terminamos abandonando nuestros sueños. Tenemos demasiado miedo, y algunos de nosotros hemos dejado de soñar. Esto se ve en muchas presiones socio-económicas que pueden robar el sentido de esperanza de los jóvenes. En ocasiones, ni siquiera tenemos las oportunidades para seguir soñando.

    Por esta razón, los jóvenes buscan comprometerse y afrontar situaciones de justicias social de nuestro tiempo. Buscamos la oportunidad de trabajar para construir un mundo mejor. En este sentido, la Doctrina Social de la Iglesia es una herramienta particularmente informativa para los jóvenes católicos, quienes también quieren seguir esta vocación. Queremos un mundo de paz, que armonice una ecología integral con una economía global sustentable. Los jóvenes que viven en regiones inestables y vulnerables, desean y esperan acciones concretas de parte de sus gobiernos y de la sociedad: poner fin a la guerra y la corrupción; afrontar el cambio climático, la desigualdad social y la inseguridad. Lo que es importante destacar es que más allá del contexto, todos comparten el mismo deseo innato por altos ideales: paz, amor, confianza, equidad, libertad y justicia.

    Los jóvenes sueñan con una vida mejor, pero muchos se ven forzados a emigrar para encontrar una mejor situación económica y ambiental. Buscan paz y son especialmente atraídos hacia el “mito occidental”, como lo presentan los medios. Los jóvenes africanos sueñan con una Iglesia local autónoma (self-reliant), que no requiera de la ayuda que lleve a la dependencia, sino una que sea capaz de dar vida a sus comunidades. A pesar de las muchas guerras y las intermitentes propagaciones de violencia, los jóvenes mantienen la esperanza. En muchos países occidentales, sus sueños están centrados en el desarrollo personal y la auto-realización.

    En muchos lugares existe una gran brecha entre los deseos de los jóvenes y su capacidad de tomar decisiones a largo plazo.

    4. La relación con la tecnología

    Cuando nos referimos a la tecnología hay que entender la dualidad que conlleva su uso. Mientras que los avances tecnológicos modernos han mejorado bastante nuestras vidas, hay que ser prudentes en su uso. Como en todas las cosas, su uso descuidado puede traer consecuencias negativas. Mientras que para unos, la tecnología ha mejorado sus relaciones, para otros se ha convertido en una forma de adicción, sustituyendo la relación humana e incluso a Dios. Más allá de todo eso, la tecnología es ahora una parte permanente de la vida de los jóvenes y tiene que ser entendida como tal. Paradójicamente, en algunos países, la tecnología, y particularmente el internet, es accesible mientras que se carece de las necesidades y servicios básicos.

    El impacto de la social media en la vida de los jóvenes no puede ser subestimada. La social media es una parte significativa de la identidad y del estilo de vida de los jóvenes. Los ambientes digitales tienen un gran potencial para unir personas distantes geográficamente como nunca antes. El intercambio de información, ideales, valores, e intereses comunes es actualmente más posible. El acceso a herramientas de aprendizaje online ha abierto oportunidades educativas para jóvenes en zonas remotas y ha traído el mundo del conocimiento al alcance de un click.

    La ambigüedad de la tecnología, sin embargo, se hace evidente cuando lleva a ciertos vicios. Este peligro se manifiesta por medio del aislamiento, la pereza, la desolación y el aburrimiento. Es evidente que los jóvenes del mundo están consumiendo obsesivamente productos virtuales. A pesar de vivir en un mundo hiper-conectado, la comunicación entre jóvenes permanece limitada a aquellos que son similares entre sí. Hay una falta de espacios y oportunidades para el encuentro de las diferencias. La cultura mass media sigue influyendo mucho en la vida e ideales de los jóvenes. La llegada de la social media ha traído nuevos desafíos dado el grado de poder que las compañías de estos nuevos medios ejercen sobre la vida de los jóvenes.

    A menudo, los jóvenes tienden a separar su comportamiento online offline. Es necesario ofrecer a los jóvenes formación sobre cómo vivir su “vida digital”. Las relaciones online pueden volverse inhumanas. Los espacios digitales nos ciegan a la vulnerabilidad del otro y obstaculizan la reflexión personal. Problemas como la pornografía distorsionan la percepción del joven sobre la sexualidad humana. Cuando la tecnología se usa así, crea una realidad paralela ilusoria que ignora la dignidad humana.

    Otros riesgos incluyen: la pérdida de la identidad causada por una falsa comprensión de la persona, una construcción virtual de la personalidad, y la pérdida de una presencia social concreta. Además, riesgos a largo plazo incluyen: la pérdida de la memoria, de la cultura y de la creatividad ante el acceso inmediato a la información, y una pérdida de concentración causado por la fragmentación. También, existe una cultura y dictadura de las apariencias.

    El tema de la tecnología no se limita al internet. En el campo de la bioética, la tecnología pone nuevos desafíos y riesgos para la vida humana en todas sus etapas. La llegada de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías, como la robótica y la automatización, conlleva riesgos para las oportunidades de empleo para las clases trabajadoras. La tecnología puede ser dañina para la dignidad humana si no es usada con conciencia y cuidado y si la dignidad humana no está al centro.

    Ofrecemos dos propuestas concretas en lo que respecta a la tecnología. Primero, al involucrar a los jóvenes en un diálogo, la Iglesia debe profundizar en su comprensión de la tecnología para asistirnos en el discernimiento sobre su uso. Además, la Iglesia debe ver la tecnología –particularmente el internet—como un lugar fecundo para la Nueva Evangelización. Los resultados de estas reflexiones deberían ser formalizados por medio de un documento oficial de la Iglesia. La iglesia debería expresarse sobre la crisis ampliamente extendida de la pornografía, que incluye el abuso de niños online, como también el ciber-bullying y el daño que éstos causa en nuestra humanidad.

    5. La búsqueda del sentido de la existencia

    Muchos jóvenes, al ser preguntados sobre cuál es el sentido de su vida, no saben qué responder. No siempre hacen la conexión entre vida y trascendencia. Muchos jóvenes, habiendo perdido la confianza en las instituciones, se han desvinculado de la religión institucionalizada y no se ven a sí mismos como “religiosos”. Sin embargo, los jóvenes están abiertos a lo espiritual.

    Muchos también se lamentan por lo poco que los jóvenes buscan respuestas al sentido de la vida en la fe y la Iglesia. En muchos lugares del mundo, los jóvenes vinculan el sentido de sus vidas a su trabajo y al éxito personal. La dificultad de encontrar estabilidad en estas áreas produce inseguridad y ansiedad. Muchos tienen que emigrar para encontrar un buen lugar para trabajar. Otros, dada la inestabilidad económica, abandonan familia y cultura.

    Finalmente, otros notan que mientras los jóvenes se cuestionan sobre el sentido de la vida, esto no quiere decir que estén preparados para comprometerse decisivamente con Jesús o con la Iglesia. Actualmente, la religión ya no es vista como la principal fuente a través de la cual el joven busca sentido, y a menudo miran hacia otras corrientes e ideologías modernas. Los escándalos atribuidos a la Iglesia –tanto reales como percibidos—afectan la confianza de los jóvenes en ella y en las instituciones tradicionales que representa.

    La Iglesia puede jugar un rol vital asegurando que estos jóvenes no sean marginados, sino que se sientan aceptados. Esto sucede cuando buscamos promover la dignidad de la mujer, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Hoy en día, existe un problema general en la sociedad en la cual la mujer aún no tiene un lugar equitativo. Esto también es cierto en la Iglesia. Existen grandes ejemplos de mujeres que sirven en comunidades religiosas y como laicas, en puestos de liderazgo. No obstante, para algunas mujeres jóvenes, estos ejemplos no son siempre visibles. Una pregunta clave surge de estas reflexiones: ¿Cuáles son los lugares en los que la mujer puede florecer en la Iglesia y en la sociedad? La Iglesia puede abordar estos problemas con discusiones concretas y apertura de mente a las diferentes ideas y experiencias.

    Suele haber gran desacuerdo entre los jóvenes, tanto dentro como fuera de la Iglesia, sobre algunas de sus enseñanzas que son especialmente controversiales hoy en día. Ejemplos de estas son: contracepción, aborto, homosexualidad, cohabitación, matrimonio y cómo el sacerdocio es percibido en diferentes realidades en la Iglesia. Es importante hacer notar que, independientemente del nivel de compresión que se tenga sobre lo que la Iglesia enseña, sigue habiendo desacuerdo y discusión entre los jóvenes acerca de éstos polémicos temas. Como resultado, muchos jóvenes pueden querer que la Iglesia cambie su enseñanza o, al menos, que se les explique y forme mejor en estas cuestiones. Aunque existe un debate interno, los jóvenes católicos, cuyas convicciones están en conflicto con la enseñanza oficial, siguen deseando ser parte de la Iglesia. Muchos jóvenes católicos aceptan estas enseñanzas y encuentran en ellas una fuente de alegría, y desean que la Iglesia no sólo se aferre a ellas en medio de la impopularidad, sino que también las proclame y enseñe con mayor profundidad.

    En todo el mundo la relación con lo sagrado es complicada. El cristianismo se suele ver como algo que pertenece al pasado, y su valor o relevancia para nuestras vidas ya no es comprendido. Mientras tanto, en ciertas comunidades, se le da prioridad a lo sagrado, ya que la vida cotidiana se estructura en torno a la religión. En algunos contextos de Asia, el sentido de la vida puede ser asociado con filosofías orientales.

    En definitiva, muchos de nosotros tenemos un gran deseo de conocer a Jesús, pero muchas veces nos cuesta darnos cuenta que sólo Él es la fuente del verdadero descubrimiento personal, ya que es en la relación con Él que la persona humana llega finalmente a descubrirse a sí misma. Por ello, hemos encontrado que los jóvenes quieren testigos auténticos, hombres y mujeres que expresen con pasión su fe y su relación con Jesús, mientras animan a otros a acercase, conocer y enamorarse de Él.

    PARTE II

    FE Y VOCACIÓN, DISCERNIMIENTO Y ACOMPAÑAMIENTO

    Es a la vez una alegría y una sagrada responsabilidad acompañar a los jóvenes en su camino de fe y discernimiento. Los jóvenes son más receptivos a una “literatura de la vida” (literature of life) que a un discurso teológico abstracto; son conscientes y receptivos y también están comprometidos en estar activamente involucrados en el mundo y en la Iglesia. A este fin, es importante comprender cómo los jóvenes perciben su vocación, y sus desafíos frente al discernimiento.

    6. Los jóvenes y Jesús

    La relación de los jóvenes con Jesús es tan variada como el número de jóvenes en este mundo. Existen muchos jóvenes que conocen y tienen una relación personal con Jesús como su Salvador y el Hijo de Dios. Además, muchos jóvenes se sienten cercanos a Jesús a través de la relación con su Madre, María. Otros puede que no tengan una relación de este tipo con Jesús, pero lo ven como un líder moral y un buen hombre. Muchos jóvenes perciben a Jesús como una figura histórica de un cierto tiempo y cultura, que no es relevante para sus vidas. Todavía, otros lo perciben distante de la experiencia humana, para quienes es una distancia perpetuada por la Iglesia. Las falsas imágenes de Jesús que algunos jóvenes tienen les lleva a no sentirse atraídos por Él. Ideas equivocadas sobre el ideal de vida cristiana lo hacen sentir fuera del alcance de la persona común, por lo que también las reglas establecidas por la Iglesia. Por lo tanto, para algunos, el cristianismo es percibido cono un estándar inalcanzable.

    Una forma de superar la confusión que los jóvenes tienen con respecto a quién es Jesús, implica un volver a las Escrituras para comprenderlo más profundamente en su vida y en su humanidad. Los jóvenes necesitan encontrarse con la misión de Cristo, no con lo que pueden percibir como una expectativa moral imposible. No obstante, se sienten inseguros sobre cómo hacerlo. Este encuentro necesita ser fomentado en los jóvenes y abordado por la Iglesia.

    7. La fe y la Iglesia

    Para muchos jóvenes, la fe se ha convertido en un asunto privado en vez de comunitario, y las experiencias negativas que algunos jóvenes han tenido con la Iglesia ha contribuido a eso. Existen muchos jóvenes que se relacionan con Dios sólo a un nivel personal, quienes son “espirituales pero no religiosos”, o están enfocados sólo en una relación con Jesús. Para algunos jóvenes la Iglesia ha desarrollado una cultura que se enfoca fuertemente en la relación institucional entre sus miembros, y no con la persona de Cristo. Otros jóvenes ven a los líderes religiosos desconectados y más centrados en la administración que en la construcción de la comunidad, y todavía algunos ven irrelevante a la Iglesia. Puede parecer que la Iglesia olvida que son las personas quienes la conforman, y no el edificio. Otros jóvenes experimentan una Iglesia muy cercana a ellos, en lugares como África, Asia y América Latina, así como en diferentes movimientos globales; inclusive algunos jóvenes quienes no viven el Evangelio se sienten conectados a la Iglesia. Este sentido de pertenencia y familia sostiene a estos jóvenes en su camino. Sin el apoyo y la pertenencia a la comunidad como punto de referencia, los jóvenes se pueden sentir asilados de frente a los desafíos. Existen muchos jóvenes que no sienten la necesidad de formar parte de la comunidad eclesial y quienes encuentran sentido a su vida fuera de la misma.

    Desafortunadamente, existe un fenómeno en algunas áreas del mundo en las cuales un gran número de jóvenes está dejando la Iglesia. Comprender el porqué es crucial para ir hacia adelante. Los jóvenes que se encuentran desconectados de o quienes dejan la Iglesia, lo hacen luego de haber experimentado indiferencia, de sentirse juzgados y rechazados. Se puede asistir, participar e irse de la Misa sin experimentar un sentido de comunidad o familia como Cuerpo de Cristo. Los cristianos profesan un Dios vivo, pero algunos asisten a Misas, o pertenecen a comunidades, que parecen muertas. Los jóvenes son atraídos por la alegría que debería ser el sello distintivo de nuestra fe. Los jóvenes expresan el deseo de ver una Iglesia que sea testimonio viviente de lo que enseña, que sea testigo auténtico en el camino hacia la santidad, lo que incluye el reconocer los errores y el pedir perdón por ellos. Los jóvenes sueñan con líderes en la Iglesia –sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos—que sean un fuerte ejemplo de esto. El saber que quienes testimonian la fe (models of faith) son auténticos y vulnerables, permite que los jóvenes, a su vez, lo puedan ser con libertad. Con esto, no se quiere destruir la sacralidad ministerial, sino que los jóvenes puedan verse inspirados por ellos en el camino hacia la santidad.

    En muchas ocasiones, los jóvenes tienen dificultad para encontrar un espacio en la Iglesia en el que puedan participar y ser protagonistas. La experiencia de los jóvenes en la Iglesia es interpretada por ellos mismos, como una en donde se les ve “muy jóvenes” e inexpertos para liderar o tomar decisiones, ya que se piensa que sólo cometen errores. Hay una necesidad de confiar en que los jóvenes pueden ser protagonistas de su proprio camino espiritual. Esto no se refiere sólo a imitar a los mayores, sino a tomar realmente “las riendas” (ownership) de su misión y responsabilidad en la vida, de la mejor manera.

    Los movimientos y las nuevas comunidades en la Iglesia han desarrollado vías enriquecedoras, no sólo para evangelizar a los jóvenes sino también para darles protagonismo (empower), para que sean los primeros embajadores de la fe hacia sus pares.

    Otra percepción común que muchos jóvenes poseen es la poca claridad del rol de la mujer en la Iglesia. Es difícil para los jóvenes tener un sentido de pertenencia y liderazgo dentro de la misma, y esto se da sobre todo en las jóvenes. Para este fin, sería provechoso para todos los jóvenes si la Iglesia no solamente aclarara el rol de la mujer, sino que a su vez ayudara a explorarlo y entenderlo con mayor claridad.

    8. El sentido vocacional de la vida

    Existe la necesidad de una comprensión sencilla y clara sobre la vocación, subrayando el sentido de la llamada y la misión, del deseo y la aspiración, lo cual lo hace un concepto más asequible para los jóvenes en esta etapa de su vida. La “vocación” ha sido presentada algunas veces como un concepto abstracto, percibido como fuera del alcance de la mente de muchos. Los jóvenes comprenden el sentido general de darle significado a la vida, y del existir por una razón, pero muchos no saben cómo comprender la vocación como un don y llamada de Dios.

    El término “vocación” se ha convertido en sinónimo de sacerdocio y vida religiosa en la cultura de la Iglesia. Si bien estas son llamadas sagradas que deben ser celebradas, es importante para los jóvenes saber que su vocación es a la vida, y que cada persona tiene la responsabilidad de discernir a lo que Dios la llama a ser y hacer. Existe una plenitud en cada vocación que debe ser subrayada, con el fin de abrir el corazón de los jóvenes a sus posibilidades.

    Muchos jóvenes de varias creencias ven la vocación como algo que abarca la vida, el amor, las aspiraciones, su lugar y contribución en el mundo, y la manera de dejar una huella. El término vocación no es muy claro para muchos jóvenes, de ahí que sea necesario una mayor comprensión de la vocación cristiana (sacerdocio, vida religiosa, laicado, matrimonio y familia, rol en la sociedad, etc.) y el llamado universal a la santidad.

    9. El discernimiento vocacional

    Descubrir la propia vocación es un desafío, especialmente a la luz de las diversas interpretaciones del término. Independientemente, los jóvenes desean asumir este desafío. El discernimiento de la propia vocación puede convertirse en toda una aventura en este peregrinar de la vida. Dicho esto, muchos jóvenes no saben cómo emprender procesos de discernimiento; ésta es una gran oportunidad para que la Iglesia les acompañe.

    Muchos factores influyen en la habilidad de los jóvenes para discernir su vocación, entre los cuales se encuentran: la Iglesia, las diferencias culturales, las exigencias del trabajo, digital media, las expectativas de la propia familia, la salud y el bienestar mental, el ruido, la presión de los sus compañeros (peer pressure), los diversos escenarios políticos, la sociedad en general, la tecnología, etc. Son pocos los jóvenes que aprovechan las oportunidades que el silencio, la introspección, la oración, la lectura de las Escrituras, y el mayor conocimiento de uno mismo, pueden ofrecerles. Tienen necesidad de ser mejor introducidos en dichas oportunidades. Involucrase en grupos de fe (faith-based groups), en movimientos y en comunidades con intereses afines podrán ser también de ayuda para el discernimiento de los jóvenes.

    Reconocemos particularmente los desafíos tan únicos que las mujeres jóvenes tienen que afrontar para poder discernir su vocación y su lugar en la Iglesia. Así como el “sí” de María a la llamada de Dios es fundamental para toda experiencia cristiana, hoy en día, las mujeres jóvenes necesitan ese espacio para poder decir “sí” a su vocación. Por ello, animamos a la Iglesia para que puedan profundizar en su comprensión del papel de la mujer y poderles así darles un mayor protagonismo (empower), tanto a la mujer laica como a la mujer consagrada, con el mismo espíritu con el que la Iglesia ama a María, la madre de Jesús.

    10. Los jóvenes y el acompañamiento

    Los jóvenes están buscando a hombres y mujeres fieles que les puedan acompañar en su caminar y que expresen la verdad, dejando al joven la capacidad de articular la comprensión de su fe y de su vocación. Dichas personas no tienen que ser ejemplos a imitar, sino testimonios vivos, que evangelicen con su propia vida. Así sean caras familiares que encuentran en sus hogares, colegas en su comunidad local, o mártires que dan testimonio de su fe a través de la entrega de su vida, son muchos los que puedan cumplir estas expectativas.

    Las cualidades de dicho acompañante incluyen: que sea un auténtico cristiano comprometido con la Iglesia y con el mundo; que busque constantemente la santidad; que comprenda sin juzgar; que sepa escuchar a las necesidades de los jóvenes y responde a ellas con empatía; que sea muy bondadosa, y consciente de sí (self-aware); que reconozca sus límites y que conozca la alegría y el sufrimiento que todo camino espiritual conlleva.

    Una característica especialmente importante en uno que acompaña es el reconocimiento de su propia humanidad. Que sean seres humanos que cometen errores: personas no perfectas, sino personas que se saben pecadores perdonados. Algunas veces los acompañantes son puestos en un pedestal, y por ello cuando caen, el impacto puede ser devastador para el camino de compromiso en el cual el joven se encontraba en la Iglesia.

    Los acompañantes no deben guiar a los jóvenes de tal modo que los sigan pasivamente, sino más bien que caminen a su lado, dejándoles ser los protagonistas de su propio camino. Deben de respetar la libertad que el joven tiene en su proceso de discernimiento y ofrecerles herramientas que les ayuden a hacerlo bien. Un acompañante debe confiar sinceramente en la capacidad que tiene cada joven de poder participar en la vida de la Iglesia. Por ello, un acompañante debe simplemente plantar la semilla de la fe en los jóvenes, sin querer ver inmediatamente los frutos del trabajo del Espíritu Santo. Este papel no debería de ser exclusivo de los sacerdotes y de la vida consagrada, sino que los laicos deberían poder igualmente ejercerlo. Por último, todos éstos acompañantes deben estar debidamente formados y buscando siempre una formación continua.

    PARTE III

    LA ACCIÓN EDUCATIVA Y PASTORAL DE LA IGLESIA

    11. Estilo de Iglesia

    Los jóvenes de hoy anhelan una Iglesia que sea auténtica. Queremos decir, especialmente a la jerarquía de la Iglesia, que debe ser una comunidad transparente, acogedora, honesta, atractiva, comunicativa, asequible, alegre e interactiva.

    Una Iglesia creíble es aquella que no tiene miedo de mostrase vulnerable. La Iglesia debe ser sincera en admitir sus errores presentes y pasados, que sea una Iglesia conformada por personas capaces de equivocarse y de hacer malinterpretaciones. La Iglesia debe condenar acciones tales como los abusos sexuales y los males manejos de poder y dinero. La Iglesia debería continuar a fortalecer su posición de no-tolerancia hacia los abusos sexuales dentro de sus instituciones; y su humildad sin duda aumentará su credibilidad frente al mundo juvenil. Si la Iglesia actúa de esta manera, entonces se diferenciará de otras instituciones y autoridades de las cuales los jóvenes, en su mayoría, ya desconfían.

    Tanto más, la Iglesia atrae la atención de los jóvenes al estar enraizada en Jesucristo. Cristo es la Verdad que hace a la Iglesia diferente de cualquier otro grupo mundial con el que nos podemos identificar. Por lo tanto, pedimos a la Iglesia de continuar proclamando la alegría del evangelio bajo la guía del Espíritu Santo.

    Deseamos que la Iglesia esparza su mensaje a través de medios modernos de comunicación y expresión. Los jóvenes tienen muchas preguntas acerca de la fe, pero desean respuestas que no estén “diluidas” (wáter-downed) o que hagan uso de formulas pre-fabricadas. Nosotros, la Iglesia joven, pedimos a nuestros líderes de hablar en términos prácticos acerca de temas controversiales como la homosexualidad y cuestiones de género, sobre las cuales ya los jóvenes discuten libremente sin tabú. Algunos perciben una Iglesia en “contra de la ciencia” (anti-science) por lo que su diálogo con la comunidad científica también es importante, ya que la ciencia puede iluminar la belleza de la creación. En este contexto, la Iglesia también debería preocuparse por cuestiones ambientales, especialmente la contaminación. También deseamos ver una Iglesia que es empática y en salida hacia quienes están en las periferias, los perseguidos y los pobres. Una Iglesia atractiva es una Iglesia relacional.

    12. Jóvenes protagonistas

    La Iglesia debe involucrar a los jóvenes en sus procesos de toma de decisiones y ofrecerles mayores roles de liderazgo. Éstas posiciones necesitan ser a todos los niveles: parroquias, diócesis, a nivel nacional e internacional, inclusive una comisión ante el Vaticano. Sentimos con grande pasión que estamos preparados para ser protagonistas, que podemos crecer y dejarnos enseñar de lo miembros de la Iglesia que son mayores que nosotros, por religiosos, religiosas, hombre y mujeres laicos. Necesitamos programas de liderazgo juvenil para la formación y continuo desarrollo de jóvenes líderes. Algunas mujeres jóvenes sienten que hace falta mayores ejemplos de liderazgo femenino dentro de la Iglesia y desean contribuir sus dones intelectuales y profesionales a la Iglesia. También creemos que los seminaristas, los religiosos y las religiosas deberían tener una mayor capacidad para acompañar a los jóvenes líderes.

    Más allá de la toma de decisiones institucional, queremos ser una presencia alegre, entusiasta y misionera dentro de la Iglesia. También expresamos nuestro fuerte deseo por una voz prominente y creativa. Esta creatividad a menudo se encuentra en la música, la liturgia y las artes, pero, de momento, este es un potencial sin explorar, siendo este aspecto en la Iglesia dominado por sus miembros mayores.

    También existe el deseo de sólidas comunidades en las que los jóvenes compartan sus dificultades y testimonio entre ellos. En muchos lugares, esto ya está sucediendo a través de iniciativas de laicos, movimientos y asociaciones, pero los jóvenes desean ser más apoyados oficial y financieramente.

    La Iglesia joven también ve hacia afuera; los jóvenes tienen una pasión por la política, la vida civil y las actividades humanitarias. Quieren actuar como católicos en la esfera pública en pos de la sociedad. En todos estos aspectos de la vida de la Iglesia los jóvenes desean ser acompañados y tomados en cuenta como miembros plenamente responsables de la misma.

    13. Lugares a privilegiar

    Quisiéramos que la Iglesia saliera a nuestro encuentro en aquellos lugares donde actualmente su presencia es poca o nula. Sobre todo, el lugar en el que queremos ser encontrados por la Iglesia es en la calle, donde todas las personas se encuentran. La Iglesia debería buscar nuevas y creativas formas de salir al encuentro de las personas ahí donde se encuentran más cómodas y donde naturalmente socializan: en los bares, cafeterías, parques, gimnasios, estadios y en todos los centros culturales y populares. También se deben tener en cuenta aquellos lugares menos accesibles como lo son el mundo militar, el mundo laboral y rural. Además de estos ambientes, necesitamos la luz de la fe en lugares más difíciles como en orfanatos, hospitales, barrios marginados, regiones destruidas por la guerra, cárceles, centros de rehabilitación y “zonas rojas”.

    Mientras la Iglesia ya nos encuentra a muchos de nosotros en las escuelas y universidades en todo el mundo, quisiéramos ver una presencia más fuerte y efectiva en estos lugares. Los recursos no se desperdician cuando se invierten en estas áreas, ya que en ellas es donde el joven emplea el mayor tiempo y donde además comparte con personas de variados contextos socioeconómicos. Muchos de nosotros ya somos fieles miembros de nuestras comunidades parroquiales o miembros de varias instituciones, asociaciones u organizaciones dentro de la Iglesia. Es imperativo que aquellos que ya están involucrados sean apoyados por la comunidad eclesial de tal modo que se vean fortalecidos e inspirados a evangelizar el mundo externo.

    Además de los muchos lugares físicos en los que puede ser encontrado el joven, el mundo digital debe ser considerado como tal por la Iglesia. Queremos ver una Iglesia a la que se pueda acceder a través del social media y de otros espacios digitales, para ofrecer información sobre la Iglesia y su enseñanza de manera más fácil y efectiva. Esto contribuirá a la formación del joven. En síntesis, la Iglesia debe salir a nuestro encuentro ahí donde estamos –intelectual, emocional, espiritual, social y físicamente.

    14. Iniciativas a reforzar

    Los jóvenes anhelamos experiencias a través de las cuales podamos profundizar nuestra relación con Jesús en el mundo real. Las iniciativas exitosas son aquellas que nos ofrecen una experiencia de Dios. Por lo tanto, respondemos a iniciativas que nos ofrecen una comprensión de los sacramentos, la oración y la liturgia, con el fin de poder compartir y defender nuestra fe en un mundo secular. Los sacramentos son de gran valor para nosotros, que tenemos el deseo de desarrollar un sentido más profundo de lo que significan en nuestras vidas. Esto es así, en la preparación al matrimonio, en el sacramento de la Reconciliación, la preparación para el bautismo de los niños, entre otros. Dado la falta de un conocimiento claro y atractivo en la presentación de lo que los sacramentos realmente nos ofrecen, algunos de nosotros atravesamos un proceso de desvalorizarlos.

    Algunas iniciativas que consideramos fecundas son: eventos como la Jornada Mundial de la Juventud; cursos y programas que ofrecen respuestas y formación, especialmente para aquellos que se inician en la fe; experiencias misioneras (outreach ministries), catecismos juveniles; retiros durante los fines de semana y ejercicios espirituales; eventos carismáticos, coros y grupos de alabanza, peregrinaciones; ligas de deporte católicas; grupos juveniles parroquiales y diocesanos; grupos para estudiar la Biblia; grupos universitarios católicos; diferentes “apps” sobre la fe; y la inmensa variedad de movimientos y asociaciones dentro de la Iglesia.

    Nosotros respondemos a eventos bien organizados a grande escala, pero también consideramos que no todos los eventos tienen que ser de esta magnitud. Pequeños grupos locales donde podemos expresar nuestras preguntas y compartir en fraterna comunión, también son indispensables para mantener nuestra fe. Estos eventos más pequeños pueden ayudar a hacer de puente entre los eventos eclesiales a grande escala y aquellos más parroquiales. El encontrarnos de esta manera es especialmente importante para aquellos jóvenes que viven en países donde los cristianos son menos aceptados.

    Los aspectos sociales y espirituales de las iniciativas de la Iglesia pueden ser complementarios entre sí. También existe un gran deseo de salir al encuentro y evangelizar a las personas que sufren de enfermedades y adicciones, mientras también nos ponemos en diálogo con distintos contextos religiosos, culturales y socioeconómicos. La Iglesia debería fortalecer iniciativas que combatan el tráfico humano y la migración forzosa, así como el narcotráfico, que es especialmente importante en América Latina.

    15. Los instrumentos a utilizar

    La Iglesia debe adoptar un lenguaje que asuma las costumbres y las culturas de los jóvenes, de modo tal que todos tengan la oportunidad de escuchar el mensaje del Evangelio. Sin embargo, a nosotros nos entusiasman las diferentes expresiones de la Iglesia. Algunos de nosotros experimentamos una atracción por “el fuego” de los movimientos contemporáneos carismáticos, que ponen en el centro al Espíritu Santo; otros nos dejamos guiar por el silencio, la meditación y las liturgias tradicionales y respetuosas del sentido de lo sagrado. Todas estas cosas son buenas en la medida en que nos ayudan a rezar de distintas maneras. Fuera de la Iglesia, muchos jóvenes viven una gozosa espiritualidad, pero la Iglesia podría también incluirlos con los instrumentos adecuados.

    · Multimedia – El internet ofrece a la Iglesia una oportunidad evangélica sin precedentes, especialmente con los social media y los videos online. Nacidos en la cultura digital, nosotros, como jóvenes podemos ser guías en este camino. El mundo digital es un gran espacio para encontrar y conectarse con gente de otras religiones y también con no creyentes. La serie de los videos que el Papa Francisco ofrece regularmente son un buen ejemplo del uso de las potencialidades evangélicas del internet.

    · Experiencias anuales periódicas – Los años de servicio dentro de los movimientos y las obras de caridad dan a los jóvenes una experiencia de misión y un espacio para el discernimiento. Esto también ofrece a la Iglesia la oportunidad de encontrar personas no creyentes y de otras confesiones religiosas de todo el mundo.

    · Las Artes y la Belleza – la belleza es reconocida universalmente y la Iglesia tiene una historia de compromiso con las artes y de evangelización a través de ellas, como por ejemplo la música, las artes visuales, la arquitectura, los diversos proyectos, etc. Especialmente los jóvenes en este campo encuentran resonancia y lo disfrutan, siendo creativos y expresivos.

    · Adoración, meditación y contemplación – También apreciamos el contraste que el silencio ofrece a través de la Adoración Eucarística, desde siempre ofrecida por la Iglesia, y a través de la oración contemplativa. Ello ofrece un espacio lejos del constante ruido de la comunicación moderna y es ahí donde podemos encontrar a Jesús. Es en el silencio donde podemos escuchar la voz de Dios y discernir su voluntad para con nosotros. También muchos, fuera de la Iglesia aprecian la meditación, y esta rica cultura de la Iglesia puede ser un puente para aquellos que están en el mundo pero que tienen un sentido de lo espiritual. Esto puede parecer algo contracorriente, pero efectivo.

    · Testimonio – Las historias personales en la Iglesia son caminos efectivos de evangelización en cuanto son experiencias personales y verdaderas que no pueden ser debatidas. Los testigos cristianos modernos, así como la persecución de los cristianos en Medio Oriente, constituyen testimonios particularmente fuertes de la plenitud de la vida en la Iglesia. Las vidas de los santos siguen siendo hoy relevantes para nosotros como caminos de santidad y plenitud.

    · El proceso sinodal – Hemos estado muy emocionados al ser tomados en cuenta por la jerarquía de la Iglesia y sentimos que este diálogo entre la “joven” y la “vieja” Iglesia es un proceso vital y fecundo de escucha. ¡Sería una pena si este diálogo no tuviera la posibilidad de continuar y crecer! Esta cultura de la apertura es extremamente saludable para nosotros.

    Al comienzo de este encuentro pre-sinodal y en el espíritu del diálogo, el Papa Francisco citó en su conversación con nosotros este versículo de la Biblia: “Después de esto, yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres: sus hijos y sus hijas profetizarán, sus ancianos tendrán sueños proféticos y sus jóvenes verán visiones” Joel 3,1.

  • Comentario al Evangelio - Domingo de Ramos - 25 de marzo de 2018

    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 11, 1-10

    Cuando se aproximaban a Jerusalén, estando ya al pie del monte de los Olivos, cerca de Betfagé y de Betania, Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; y si alguien les pregunta: "¿Qué están haciendo?", respondan: "El Señor lo necesita y lo va a devolver en seguida."»

    Ellos fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle, y lo desataron. Algunos de los que estaban allí les preguntaron: «¿Qué hacen? ¿Por qué desatan ese asno?»

    Ellos respondieron como Jesús les había dicho y nadie los molestó. Entonces le llevaron el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó. Muchos extendían sus mantos sobre el camino; otros, lo cubrían con ramas que cortaban en el campo. Los que iban delante y los que seguían a Jesús, gritaban: «¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!»

    Palabra del Señor.

    Queridas hermanas y queridos hermanos: 

    Este Evangelio se proclamará el próximo domingo, antes de la procesión de entrada al templo, memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén. El anuncio de este Evangelio nos lleva conmemorar ese momento y nos dispone a entrar, con toda la Iglesia, en la Semana Santa, en la que celebraremos el misterio central de nuestra Fe.

    Se acercaba la Pascua judía, en los primeros días de la primavera, en Judea. Millares de judíos iban a Jerusalén para celebrar esta fiesta, cumpliendo así con la ley de Moisés; entre ellos van Jesús y sus discípulos. En general, los judíos peregrinaban en grupo para tener una mayor seguridad ante cualquier inconveniente, ya que muchos de ellos debían recorrer largas distancias. Habitantes de las diferentes poblaciones se agrupaban a la entrada de la ciudad para sumarse a la columna principal que ingresaba procesionalmente, cantando los salmos fijados por la Biblia para esta clase de actos.

    El pueblo esperaba ansiosamente la llegada de un mesías que los condujera, en nombre de Dios, por caminos de libertad, unidad, fidelidad a la ley; que los convirtiera en una gran nación y restaurara el antiguo reino de David. En estas fiestas pascuales se potenciaban las expectativas mesiánicas del pueblo. Jesús es saludado como el hijo de David, como aquel que viene en nombre del Señor. En este contexto, este saludo, junto al gesto de poner los mantos sobre el suelo, por donde Él iba a pasar, indican el reconocimiento de Jesús como un Rey enviado por Dios, lo que le da toda una connotación mesiánica.

    Unos kilómetros antes de llegar, cuando la peregrinación alcanzaba un número grande de participantes, Jesús manda a dos de sus discípulos a que le trajeran un asno y les da indicaciones precisas sobre cómo conseguirlo; además les dice que se lo traigan sin pedirle permiso a nadie. Aquí encontramos un signo interesante: Jesús conoce lo que hay más allá de su vista y lo que va a acontecer en el futuro y, además, puede disponer sin pedir permiso. Esto nos manifiesta un Jesús con autoridad.

    Entrar montado en un asno es un signo de humildad y mansedumbre.

    Jesucristo viene a nosotros en el nombre del Señor. Con el Domingo de Ramos, entramos en la Semana Santa. Semana en la que celebraremos el poder de este rey pacífico que viene a vencer el pecado y la muerte. La primera invitación es a dejarlo entrar en nuestras vidas para que Él pueda realizar en nosotros el misterio pascual. Tenemos necesidad de ser liberados por Él.

    Todos deseamos que el Reino de Dios se haga presente con más fuerza en nuestro corazón y en nuestra sociedad. Jesucristo se identifica con el Reino. Él vivió su vida haciendo el bien y realizando la voluntad del Padre. Su muerte fue fruto de su opción por manifestar el amor del Padre a todos: perdonó a los pecadores, sentó a su mesa a los despreciados por la sociedad, manifestó el amor de un Dios Padre, rico en misericordia, ubicó la ley como mediación en la búsqueda del bien de cada persona, se manifestó como el

    mesías esperado. Las autoridades no pudieron aceptar esta transgresión a las costumbres y las leyes por ellos impuestas. Jesús no claudicó. Él pudo evitar su muerte, traicionando la misión que el Padre le encomendó; pero fue fiel hasta el extremo de entregar su vida. En la cruz se manifiesta la plenitud del amor; por ello, en ella es vencido el pecado y se manifiesta la gloria de Dios. Dios es amor, la cruz es el signo más elocuente de ese amor.

    En la cruz, signo elocuente del amor de Dios, su Reino se manifiesta con toda plenitud. Él se hace presente ahí donde los hombres vivimos como hermanos entre nosotros, sin excluir a nadie. El Reino de Dios se manifiesta cuando nos perdonamos y somos solidarios entre nosotros, cuando trabajamos por la justicia, buscando juntos la verdad y construyendo vínculos de paz. ¡Qué necesidad tenemos de que el Reino de Dios crezca entre nosotros! En un mundo tan marcado por diferentes formas de violencia y de injusticias, en donde nos hacemos dueños de la verdad y perdemos nuestra referencia al Creador, en donde muchas veces se instala el individualismo y la indiferencia. Los hombres muchas veces nos alejamos de Dios y nos vamos fabricando falsos dioses que siempre nos dejan vacíos y confundidos.

    En esta Pascua, Jesús viene en nombre de Dios, para llevarnos al amor del Padre y hacer de nosotros una familia reunida en el amor. En cada Pascua el Señor nos lleva al encuentro del sentido último de nuestra vida.

    El pueblo peregrinaba cada Pascua hacia Jerusalén. Somos un pueblo peregrino en camino a la casa del Padre. En esta peregrinación nos acompaña Jesús y, en cada Pascua, nos lleva a dar un paso, a pasar de todo aquello que no nos deja amar como Él nos ama a nuevas dimensiones de amor. Sólo amando como con el mismo amor de Jesús encontramos el sentido de nuestra vida y, por eso, el gozo y la paz verdadera. Como peregrinos, dejemos que Jesús nos lleve a dar este paso, rompiendo lo que nos esclaviza y no nos deja vivir la libertad del amor.

    Al escuchar la Pasión del Señor contemplemos su amor por cada uno de nosotros. Dejemos que su vida y su entrega final muevan nuestro corazón a seguirlo, a dar la vida como Él la dio. Es entregando la vida por amor que nuestra vida cobra pleno sentido.

    En el relato de la Pasión según san Marcos, aparecen con claridad los contrastes: Jesús que da la vida por amor al Padre y a la humanidad, los que lo llevan a la muerte que, incluso, lo condenan antes del juicio, los que no entienden lo que está pasando, los que lo abandonan, lo niegan y hasta lo traicionan.

    Entremos en las escenas de este relato, como si estuvieras ahí, y pidámosle a Jesús poder identificarnos con Él; morir con Él al pecado para renacer a una vida nueva.

    Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 14, 1-15, 47 

    Buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte

    C. Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Acimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte. Porque decían: 
    S. «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo.»

    Ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura

    C. Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí: 
    S. «¿Para qué este derroche de perfume? Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres.» 
    C. Y la criticaban. Pero Jesús dijo: 
    + «Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán hacerles bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo.»

    Prometieron a Judas Iscariote darle dinero

    C. Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a ver a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba una ocasión propicia para entregarlo.

    ¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?

    C. El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: 
    S. «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?» 
    C. El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: 
    + «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?" Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario.» 
    C. Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

    Uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo

    C. Al atardecer, Jesús llegó con los Doce. Y mientras estaban comiendo, dijo: 
    + «Les aseguro que uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo.» 
    C. Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro:
    S. «¿Seré yo?»
    C. Él les respondió: 
    + «Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»

    Esto es mi Cuerpo. Esta es mi Sangre, la Sangre de la alianza

    C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: 
    + «Tomen, esto es mi Cuerpo.» 
    C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: 
    + «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.»

    Antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces

    C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos. Y Jesús les dijo: 
    + «Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea.» 
    C. Pedro le dijo: 
    S. «Aunque todos se escandalicen, yo no me escandalizaré.» 
    C. Jesús le respondió: 
    + «Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces.» 
    C. Pero él insistía: 
    S. «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré.» 
    C. Y todos decían lo mismo.

    Comenzó a sentir temor y a angustiarse

    C. Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: 
    + «Quédense aquí, mientras yo voy a orar.» 
    C. Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo: 
    + «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando.» 
    C. Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía: 

    + «Abba -Padre- todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.» 
    C. Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro: 
    + «Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.» 
    C. Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo: 
    + «Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar.»

    Deténganlo y llévenlo bien custodiado

    C. Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal: 
    S. «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado.» 
    C. Apenas llegó, se le acercó y le dijo: «Maestro.» Y lo besó. Los otros se abalanzaron sobre él y lo arrestaron. Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús les dijo: 
    + «Como si fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos. Todos los días estaba entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras.» 
    C. Entonces todos lo abandonaron y huyeron. Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron; pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo.

    ¿Eres el Mesías, el Hijo de Dios bendito?

    C. Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego. Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban. Algunos declaraban falsamente contra Jesús: 
    S. «Nosotros lo hemos oído decir: "Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano del hombre."» 
    C. Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la asamblea, interrogó a Jesús: 
    S. «¿No respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?» 
    C. El permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: 

    S. «¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios bendito?»
    C. Jesús respondió: 
    + «Sí, yo lo soy: y ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo.» 
    C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
    S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?» 
    C. Y todos sentenciaron que merecía la muerte. Después algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían: 
    S. «¡Profetiza!» 
    C. Y también los servidores le daban bofetadas.

    Se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando

    C. Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo: 
    S. «Tú también estabas con Jesús, el Nazareno.» 
    C. Él lo negó, diciendo: 
    S. «No sé nada; no entiendo de qué estás hablando.» 
    C. Luego salió al vestíbulo. La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes: 
    S. «Éste es uno de ellos.» 
    C. Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que estaban allí dijeron a Pedro: 
    S. «Seguro que eres uno de ellos, porque tú también eres galileo.» 
    C. Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando. En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces.» Y se puso a llorar.

    ¿Queréis que os ponga en libertad al rey de los judíos?

    C. En cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Este lo interrogó: 
    S. «¿Tú eres el rey de los judíos?» 
    C. Jesús le respondió: 
    + «Tú lo dices.» 
    C. Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él. Pilato lo interrogó nuevamente: 
    S. «¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te acusan!» 
    C. Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy admirado a Pilato. En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo: 
    S. «¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?» 

    C. Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo: 
    S. «¿Qué debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?» 
    C. Ellos gritaron de nuevo: 
    S. «¡Crucifícalo!» 
    C. Pilato les dijo: 
    S. «¿Qué mal ha hecho?» 
    C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: 
    S. «¡Crucifícalo!»
    C. Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

    Hicieron una corona de espinas y se la colocaron

    C. Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: 
    S. «¡Salud, rey de los judíos!» 
    C. Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.

    Condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota y lo crucificaron

    C. Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo.» 
    Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos.» Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

    Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo

    C. Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían: 
    S. «¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!» 
    C. De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: 
    S. «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!»
    C. También lo insultaban los que habían sido crucificados con Él.

    Jesús, dando un gran grito expiró

    C. Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: 
    + «Eloi, Eloi, lamá sabactani.» 
    C. Que significa: 
    + «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 
    C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: 
    S. «Está llamando a Elías.» 
    C. Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo: 
    S. «Vamos a ver si Elías viene a bajarlo.» 
    C. Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró.

    Aquí todos se arrodillan, y se hace una breve pausa.

    C. El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: 
    S. «¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!» 
    C. Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén. 

    José hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro

    C. Era día de Preparación, es decir, vísperas de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea -miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios- tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. 
    Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. 
    Informado por el centurión, entregó el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 
    María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto. 

    Palabra del Señor.

    Nos preguntamos: ¿Vivo esta cuaresma como un tiempo de profunda comunión con Cristo? ¿Dejo que el Señor me transmita su misma vida de amor?

    Un bendecido tiempo cuaresmal para todos,

    P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

    Centro de Espiritualidad Palotina

    SALMO RESPONSORIAL Sal 50, 3-4. 12-15

    R. Crea en mí, Dios mío, un corazón puro.

    ¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
    por tu gran compasión, borra mis faltas!
    ¡Lávame totalmente de mi culpa
    y purifícame de mi pecado! R.

    Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
    y renueva la firmeza de mi espíritu.
    No me arrojes lejos de tu presencia
    ni retires de mí tu santo espíritu. R.

    Devuélveme la alegría de tu salvación,
    que tu espíritu generoso me sostenga:
    yo enseñaré tu camino a los impíos
    y los pecadores volverán a ti. R

  • FEM Ya dejó de ser un sueño para convertirse en una realidad

    El día 12 de marzo en la nueva sede de FAERA, se reunió el Consejo de Administración de la Fundación FE y MISIÓN (FEM). Durante la misma se compartió la firma del PRIMER acuerdo con la CONGREGACIÓN HIJAS DE LA MISERICORDIA en orden a acompañar al Colegio Nuestra Señora de la Misericordia de Canals-Córdoba, una vez al mes la Fundación participara de diversos espacios de capacitación, trabajo con los Equipos de Gestión y asesoramiento legal y contable al Colegio.

    Asimismo se está a punto de firmar otro acuerdo de acompañamiento a la Congregación Hijas de María Inmaculada, cuyo Colegio se encuentra en la ciudad de Córdoba. El acuerdo está siendo revisado por el Gobierno General de la Congregación en Roma.

    Durante la mañana se recibieron a dos Congregaciones Religiosas con varias obras educativas en Buenos Aires, Santa Fe y Jujuy, se están evaluando y trabajando en conjunto para la firma de los respectivos convenios.