Lunes, 21 Mayo 2018 | Login
COMENTARIO AL EVANGELIO - VI domingo de Pascua - Ciclo B - 6 de mayo de 2018

COMENTARIO AL EVANGELIO - VI domingo de Pascua - Ciclo B - 6 de mayo de 2018

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 9-17

Jesús dijo a sus discípulos:

«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.

Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»

  Palabra del Señor.

 Queridas hermanas y queridos hermanos:

 Jesús está viviendo un momento muy especial de su vida, se está despidiendo de los suyos, vuelve al Padre. En las despedidas se suelen decir las cosas más importantes, aquellas que queremos que los otros recuerden, que perduren en la memoria. Es en esa situación cuando Jesús nos deja su mandamiento: ámense. Lo hace en un clima de amistad: Ya no los llamo servidores… los llamo amigos. Y en ese vínculo de amistad les revelo la vida, el mensaje y los sentimientos del Padre:  les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

 Un mandamiento que ya estaba presente en la Ley del pueblo de Dios. En el Deuteronomio se nos habla de amar a Dios con todo nuestro ser (Dt 6,4-5). En el libro del Levítico encontramos muchas prescripciones respecto al amor al prójimo: a la viuda, al forastero, al deudor, al huérfano… (Lv 19). Pero ahora hay algo nuevo, Jesús mismo se pone como el modelo del verdadero amor: como yo los he amado.

 Él no sólo es el modelo sino la causa de nuestro amor. Él nos amó primero y nos manifestó hasta el extremo su amor tierno y misericordioso. Es esa experiencia de amor la que nos mueve a amarlo con todo nuestro ser y a amarlo en cada uno de los que Él ama, en cada uno de nuestros hermanos. Permanecer en su amor es dejar que su amor que se haga vida en nosotros. Cenando con sus discípulos Jesús les dijo: les doy un mandamiento nuevo (Jn 13), les dono este mandamiento. Juan usa el verbo: didonai, que significa don, regalo.  El mandamiento del amor es un presente de Dios. Nosotros podemos amar con su amor sólo si permanecemos en Él y dejamos que su vida se haga vida en nosotros.

 Es interesante el uso del singular. Primero habla de cumplir “los” mandamientos como Él los cumplió. Luego nos deja uno solo. Podemos decir que los demás mandamientos son una explicitación de ese único mandamiento. En él se contiene todos los otros.

 El Papa Benedicto XVI nos ilumina enormemente, en este tema, en su primera Encíclica Deus Caritas est, promulgada el 25 de diciembre de 2005. Ahí nos señala dos dimensiones del amor:

  • El amor de eros o amor de complacencia. Por él gozamos la presencia del otro como un bien en nuestra vida. No amamos su utilidad sino el bien de su persona. Es el amor propio de los esposos, el amor que da inicio al camino de la amistad, el amor que nos mueve a encontrarnos espontáneamente con alguien y disfrutar su presencia. Jesús disfrutó de la amistad, de la mesa compartida con sus seres queridos, de la fiesta familiar. Dios nos ama con un amor de complacencia y nosotros, también, somos invitados a gozar de su presencia en nuestras vidas.

 

  • Una segunda dimensión, es el amor de ágape o de donación. Nuestra realización más profunda está en comprometer nuestra vida con el bien de los demás. Fuimos creados a imagen de Jesucristo quien vivió su vida en compromiso continuo con el bien de los otros, especialmente con aquellos que más sufrían. Nuestro verdadero bien es el compromiso con el bien de cada persona que Dios pone en nuestro camino. Es la dimensión del perdón, del devolver bien por mal, de buscar para el otro el mismo bien que quiero para mí. Esta dimensión nos da la libertad de un amor no condicionado por la respuesta o por la compensación recibida. Purifica el amor de todo egoísmo y nos lleva a una experiencia fuerte de identificación con Jesús. Nos da la libertad, fruto del perdón, el no quedar esclavo de actitudes o situaciones vividas.

Vivir estas dimensiones del amor, como Jesús las vivió, llena nuestra vida de un profundo gozo. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. Fuimos creados a imagen y semejanza de un Dios que es amor. Sólo amando con el amor de Dios, nuestra vida encuentra su sentido. La verdadera realización personal implica procesos de autoestima que nos permiten amar con la gratuidad con la que Cristo nos ama, sin depender de la estima de los otros. Esta gratuidad en nuestra entrega nos hace libres ante la consideración y el reconocimiento de los demás. Somos llamados a compartir la vida en el amor, uniéndonos a Cristo resucitado, experimentando su gozo y su paz.

Nos preguntamos: ¿Permanezco en Cristo? ¿Dejo que su vida vaya siendo mi vida? ¿Me abro al don del amor para tener el mismo gozo que Él tiene?

Un bendecido tiempo de Pascua,

Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

 SALMO RESPONSORIAL Sal 97, 1-4

R. El Señor reveló su victoria a las naciones.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R

000

About Author