Lunes, 21 Mayo 2018 | Login
Cómo terminar con el malentendido cultural de que "los libros no muerden"

Cómo terminar con el malentendido cultural de que "los libros no muerden"

En un patio de la escuela, que no es el de todos los días, los adolescentes se reúnen. Es "El club del patio", donde se encuentran los alumnos del secundario de Nuestra Señora de Pompeya, pero también los ex estudiantes que todavía no se quieren desprender de la experiencia, la profesora de Lengua y Literatura (que en ese espacio no es profesora y también va a descubrir nuevas lecturas) y el sacerdote de la parroquia a la que pertenece la escuela. La reunión se produce y reproduce todas las semanas, se intercambian libros, se descubren autores y sobre todo historias; se lee, pero también se escribe, y fundamentalmente los chicos y adultos intercambian y se dejan "morder" por los libros, dice Andrea Eixarch, la docente que puso en marcha la experiencia, que ahora obtuvo el segundo premio en el concurso nacional Vivalectura 2018.

"Los libros muerden" es el proyecto que Andrea, docente del nivel secundario de la Escuela Nº 3.173, en Mendoza al 5200, puso en marcha primero en las aulas y que después se extendió a un espacio autónomo y fuera del horario acotado de las clases de Lengua. "Romper" era una de las claves de la propuesta y para eso, lo primero que deshizo la iniciativa fue desarmar esa frase que repica y que el mundo adulto no deja de dirigirle a los chicos: "Los libros no muerden".

"Es una frase heredada y repetida por generaciones", dice la docente, y afirma que a partir de allí se pensó justamente todo lo contrario: "Es un malentendido cultural, una frase que nos hacía mal escuchar, porque hace mal pensar que uno pasa por un libro sin ser tocado siquiera, que un libro te pase por arriba, no te «muerda» como si fuera tiempo perdido, cuando en realidad lo que queremos enseñar es que los libros justamente sirven para transformarnos, hacernos viajar, constituirte o al menos darte un rato de felicidad gratuita, pero nunca que te resbale".

Lo vivencial

Hacer activos a los lectores fue el primer paso que el proyecto dio en las aulas al vivenciar las lecturas. Así, "La noche boca arriba", de Julio Cortázar, se transformó en más que un cuento de 1956 para convertirse en la experiencia de leer juntos, de noche y de cara al cielo; y los cuentos de terror son convocados a la luz de las velas.

"Desacomodar a los chicos como lectores, hacerlos activos y partir de la lectura para hacerla vivencia, estimular los sentidos, las representaciones y las reflexiones", explica sobre la idea la profesora que, con el avance, de la propuesta fue sumando a los docentes de otras áreas de la escuela al proyecto, que incluso cruzó la frontera de la escuela para sumar a otros actores y potenciales lectores.

"Leer con otros es otra de las experiencias generadas, y así los chicos salieron y se encontraron en diferentes espacios de la zona, como los centros de jubilados del barrio y alumnos de otras escuelas. Se organizaron ámbitos de lectura pensando en lectores más plurales y múltiples puntos de vista", agrega.

Lo central, para la docente, es que chicos y grandes "ponen el cuerpo en la lectura y no sólo la vivencia viene tras el texto, sino que incluso en muchas oportunidades es a partir de lo vivencial que llegan los textos". Por eso, se sumaron docentes de arte, sobre todo en las actividades con 1º, 2º y 3º años, y, en los últimos dos, con actividades de mayor reflexión, los de formación ciudadana son de la partida.

Club del patio

Fue a partir de esos espacios en las aulas que surgió "El club del patio", un ámbito extracurricular, donde los adolescentes se reúnen una vez a la semana, van sin obligación y donde suelen encontrarse unos 30 jóvenes, alumnos y ex alumnos, en un espacio de lectura e intercambio.

"Fue un lugar pedido por ellos, con mayor autonomía y donde no sólo se lee, sino también se produce, y donde ellos dejan en claro que, más que por los autores, van en busca de las historias", señala Eixarch sobre la experiencia ahora premiada. "Van en busca de la historia y necesitan que la historia los interpele a ellos, no leen autores", dice la docente como seña de esta generación de jóvenes lectores que, si bien gustan de los clásicos, "buscan todo el tiempo identificarse".

Un concurso nacional y 2 galardones para Rosario

Entre más de más de 650 inscriptos y 400 proyectos de todo el país evaluados en la edición 2018 del premio Vivalectura, dos propuestas rosarinas resultaron seleccionadas. El jurado, con la escritora Silvia Shujer a la cabeza, eligió "Los libros muerden", proyecto de Andrea Eixarch, de la Escuela Nº 3.173 Nuestra Señora de Pompeya para el segundo premio en la categoría escuela, mientras que "Los dibus perdidos", de Valeria Zaffaroni, de la Nº 1.280 Soldado de Malvinas recibirá una mención el jueves próximo, cuando los galardones sean entregados personalmente a los ganadores en la Feria del Libro de Buenos Aires.

   El premio, organizado por el Ministerio de Educación de la Nación, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y la Fundación Santillana, ya tiene más de una década; y sus referentes destacaron el récord de participantes que se registró en esta edición.

   Escuelas, clubes, entornos digitales, bibliotecas y cárceles se vienen sumando año a año a la presentación de proyectos, que dan cuenta de las más diversas formas de promoción de la lectura, y en los más diversos espacios sociales. En esta edición, fueron 668 los inscriptos al concurso a través de 411 proyectos, una cantidad que remarcaron como "récord".

   Entre los ganadores seleccionados hay proyectos de Capital y Buenos Aires, también de Santa Fe, La Rioja, Entre Ríos, Jujuy, San Juan y Corrientes, y dos de los elegidos son rosarinos.

 

Fuente: Diario la Capital https://www.lacapital.com.ar/la-ciudad/como-terminar-el-malentendido-cultural-que-los-libros-no-muerden-n1602053.html

000

About Author